Algunos de ellos no debieron escribir tantas cartas como el Coronel. Quizá no se desesperaron por el hambre, o por la pena de que el gallo muriera primero que ellos. Lo cierto es que la pensión digna llegó, y con ella un ascenso que ya no es más que un símbolo de orgullo, para personas que sobrepasan los 100 años de edad.
No nos referidos al personaje de El Coronel no tiene quién le escriba, sino a militares reales, que sirvieron a instituciones armadas durante décadas.
Campos de los Santos
Mientras el Coronel, de la obra de Gabriel Gabriel García Márquez, tuvo que esperar por 15 años una pensión que nunca llegó, el raso ® del Ejército dominicano Isidro Campos de los Santos, despreció la suya durante 23 años. La razón: el monto nunca alcanzó los 50 pesos mensuales.
Ingresó al Ejército en 1935 con el sueño de ser un oficial al servicio del Jefe. Sin embargo, 20 años después fue puesto en retiro sin poder alcanzar ni siquiera el rango de cabo.
Hoy con 103 años de edad, y poca lucidez para hablar de su paso por el Ejército durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, pero si la suficiente para agradecer al presidente Leonel Fernández, haberlo llevado al rango de segundo teniente para incrementar su pensión en un 100 por ciento.
De repente reacciona como flash en bodas, y en pocos segundos intenta narrar anécdotas sobre los tres bandidos que tuvo que echarse porque robaban ganados dizque para un hermano del Jefe, sobre la muerte de su esposa y al mismo tiempo una despedida en inglés: Thanks my friend.
Aquí se produce la intervención de Rafael Isidro Campos Garrido, su hijo mayor, quien acaba de cumplir 67 años. Lo pensionaron en el año 1955, pero no la reclamó hasta diciembre de 1978 cuando el entonces presidente Antonio Guzmán dispuso un mínimo de 100 pesos para los militares puestos en retiro.
Vargas Burdier
Cinco años en las Fuerzas Armadas fue suficiente para que los médicos consideraran al raso ® de la Fuerza Aérea Dominicana Secundino Vargas Burdier, inhabilitado físicamente para seguir sirviendo en el aparato militar.
La desgracia surgió después de permanecer tres años en el Ejército, pidió su traslado para la recién creada Fuerza Aérea Dominicana, donde aspiraba a formarse como francotirador, por lo certero que era con el fusil.
Fue enviado al campo de tiros de Nigua, en San Cristóbal, y después de varios meses de práctica sin ninguna protección en los oídos, comenzó a perder la audición.
Recuerdo que un día fuimos al campo de tiros en medio de un fuerte sol, pero después de un par de horas disparando a los blancos comenzó a llover. En la noche no pude dormir de la fiebre y al día siguiente los médicos encontraron los graves daños que tenía en ambos oídos, explicó mientras con el batón se acomodaba en una mesedora en la galería de su casa en el centro de Bonao.
Mientras se reclinaba, preguntaba a su esposa si la gallina que había mandado a cocinar para los invitados (el teniente coronel Then, el primer teniente Urbáez y este redactor) estaba lista.
Previo a la degustación del almuerzo, habló hasta por los codos, se refirió a la frustración de que la salud no le permitiera seguir en la vida militar, la pelea que sostuvo con un boxeador profesional al que le habían mandado a detener, así como de su oficio de ferretero, que fue en el que terminó su vida productiva.
Lamentó que a pesar de su vocación militar ninguno de sus 10 hijos le siguió, y que sólo uno de sus nietos se enroló en el Ejército, pero en Estados Unidos.
Blandino
Aunque comenzó en el Ejército, su vocación por la navegación lo llevó hasta la Marina de Guerra, donde permaneció 24 años, alcanzando el rango de capitán de corbeta.
Rafael Taveras Blandino inició su vida militar como telegrafista en el año 1935, pero a los cuatro años fue enviado como contramaestre (sargento), admitió que a los 96 años de edad nunca pensó que fuera tomado en cuenta para ascenso, aunque agradeció el gesto de los jefes militares.
Fue puesto en retiro en 1964 y cuenta uno de los episodios en que sintió temor, cuando a finales de la década del 40 un barco en el que llevaba alimentos a una guarnición de Pedernales chocó contra una roca y comenzó hacer agua.
Dijo que el temor se apoderó de la tripulación del barco, cuyo capitán era Rogelio Prestol Botello.
La normalidad retornó con la llegada de un barco de rescate enviado desde La Caldera.
Sánchez Montás
Es quizás el más necesitado de los cuatro pensionados; esto por la humilde vivienda que habita en Gualey.
Juan Bautista Sánchez Montás, nacido en 1908, e ingresó al Ejército en 1931 y fue retirado a finales del 1962 con el rango de cabo.
Enfermo, con más de un siglo acuesta, calificó como un regalo de Dios el ascenso, no por lo que implica socialmente, sino por la parte económica, ya que desde el mes pasado está cobrando alrededor de 10 mil pesos, en vez de los cinco mil anteriores.
En mi casa todo ha cambiado, atinó a decir momentos antes de salir para el Hospital Central donde tenía una cita de salud.
¡La sorpresa!
Todos los beneficiados con la disposición del Presidente Fernández, eran ajeno de su nueva situación como oficiales ® de las ramas militar en la que fueron pensionados.
Todos fueron invitados a los actos de celebración del 80 aniversario de la Junta de Retiro de las Fuerzas Armadas.
En medio de la ceremonia se hizo el anuncio de que habían sido reintegrados, ascendidos a oficiales y pensionados con el nuevo rango.
La alegría no pudo ser mayor, familiares y amigos comenzaron aplaudir, y más de uno de ellos estalló en llantos.
El plan fue diseñado por el mayor general Hugo Rafael González Borrell y ejecutado por el teniente coronel Clemente González Then, quien mantuvo los detalles a nivel de la discreción que la ética militar requería.
González Borrell
El presidente de la Junta de Retiro dijo que la celebración nos ha permitido congregar y palpar la hermandad, el cariño, el respeto y la solidaridad que caracterizan y son acreedores los hombres y mujeres que constituyen la hermosa familia de los miembros activos y retirados de las Fuerzas Armadas.
Dijo a los militares retirados que la visión, de la institución es hacer posible un mejoramiento constante de su bienestar y a sus familiares, y reiterarles que su sacrificio sin tregua tiene su expresión más alta en el aporte que hicieran para salvaguardar y hacer efectiva la seguridad y la defensa del suelo que les viera nacer, contribuyendo al alcance de las significativas metas de progreso y de paz que hoy disfrutamos.
A los que no están con nosotros, que se escuche como un campanazo de eterna gratitud, para ustedes, los militares y asimilados que gozan de la condición de retiro, y celebremos estos ochenta años con la suprema satisfacción de que nuestra labor valió la pena, están germinando como simientes ocho décadas de esfuerzo, trabajo y sacrificio.
Los ojos del presente de nuestra entidad tienen vista veinte veinte para proyectar sin riesgos el futuro de los millares de retirados de las Fuerzas Armadas, para que su bienestar sea 100% seguro, como justa compensación por sus patrióticos y elevados servicios a la nación dominicana, expresó el general Borrell.

