Santo Domingo.- No fue una simple puesta en circulación de un libro. Fue, más bien, un ejercicio de memoria colectiva, donde protagonistas y testigos de momentos cruciales de la democracia dominicana se dieron cita para reconstruir, desde distintas mirada, una etapa marcada por tensiones, decisiones firmes y lealtades puestas a prueba.
En el auditorio de la Universidad del Caribe, el general retirado José Miguel Soto Jiménez presentó su obra “Los muchachos de la democracia”, un texto que se adentra en las crisis electorales de 1990, 1994 y 1996, años en los que la institucionalidad del país enfrentó momentos de alta fragilidad.
Más que un recuento cronológico, el libro que fue terminado en junio del 2025, propone una mirada desde dentro: la de un grupo de oficiales que, según el autor, asumieron un rol clave para evitar que los conflictos políticos escalaran hacia escenarios de mayor inestabilidad.
Puedes leer: ¿Qué quiso decir? Hipólito revela que su palabra mágica es la “lealtad”
Aquellos hombres, entre ellos Manuel Ernesto Polanco Salvador, González Ramírez, Zorrilla Ozuna y Uribe Peguero, fueron bautizados como “Los muchachos de la democracia”, una denominación que hoy intenta fijarse en la memoria histórica nacional.
La presentación de la obra estuvo a cargo del historiador Roberto Cassá, quien contextualizó el valor del texto dentro de la historiografía dominicana, destacando su aporte al análisis de una etapa donde las instituciones democráticas aún buscaban consolidarse.
El prólogo, escrito por Cándido Gerón y Tony Raful, refuerza esa lectura crítica y reflexiva sobre los acontecimientos narrados.
Sin embargo, el acto trascendió lo literario. Se convirtió en un espacio de reflexión política, donde figuras de peso ofrecieron su interpretación sobre el pasado y el presente democrático del país.

El expresidente Hipólito Mejía, con su estilo directo, centró su intervención en un concepto que, según manifestó, ha guiado su vida pública y privada: la lealtad.
Recordó sus orígenes en el campo y cómo ese valor se convirtió en una especie de brújula moral en medio de las complejidades de la política.
“Yo siempre he tenido una palabra mágica: leal”, expresó, al tiempo que reconoció que sostener principios firmes en la vida política no siempre resulta fácil, en un entorno que, a su juicio, ha contribuido en ocasiones a su propio descrédito. Aun así, insistió en la necesidad de apostar por una práctica política basada en la coherencia, la verdad y el compromiso con la sociedad.
Desde otra perspectiva, el también expresidente Leonel Fernández llevó la conversación hacia un plano histórico más amplio. Su intervención fue, en esencia, un recorrido por la evolución política dominicana desde la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en 1961 hasta la actualidad.
Fernández explicó que, tras ese punto de quiebre, la prioridad nacional fue la conquista de la democracia, un proceso que tuvo avances y retrocesos, como la elección y posterior derrocamiento de Juan Bosch en 1963.
En ese contexto, destacó la Revolución de Abril de 1965 como un intento legítimo de restaurar el orden constitucional, frustrado por la intervención extranjera.

El exmandatario también ofreció una lectura matizada del periodo de gobierno de Joaquín Balaguer, reconociendo tanto la estabilidad económica alcanzada como las limitaciones democráticas de la época.
Según su análisis, fue a partir de 1978, con la llegada de Antonio Guzmán, cuando la democracia dominicana comenzó a consolidarse, desplazando el debate político desde la lucha por las libertades hacia los desafíos económicos y sociales.
En ese sentido, el libro de Soto Jiménez dialoga con esa historia: se sitúa en una etapa posterior, cuando la democracia ya no estaba en construcción, pero sí en constante tensión.

Los asistentes coincidieron en valorar la obra como un aporte relevante para comprender los entresijos del poder en momentos críticos, así como el papel, a menudo poco visible, de actores que operan tras bambalinas en la defensa del orden institucional.
Al cierre de la actividad, más que la presentación de un libro, quedó la sensación de haber asistido a una conversación entre generaciones políticas, donde el pasado no solo se recuerda, sino que se interpreta y se discute como clave para entender los desafíos del presente.

