Según Platón, hubo una vez un tiempo en el que existían dioses, pero no había razas mortales. Cuando les llegó el momento destinado a su nacimiento, forjaron los dioses a los seres animados con una mezcla de tierra y fuego. Así se crearon a los humanos y con ellos el nacimiento del pecado.
El pecado en su forma original constituye una desviación de la conducta humana. La doctrina cristiana incorpora en su tradición a los pecados capitales que todos conocemos, y a sus demonios, así como a las virtudes que supuestamente los pueden derrotar o al menos neutralizar:
La lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, son un conjunto de vicios opuestos a la enseñanza moral que el catolicismo y el cristianismo han transmitido como pauta ideal de conducta.
Posteriormente, el poeta italiano, Dante Alighieri, los integró en la redacción de la Divina Comedia. Más tarde, varios artistas europeos contribuyeron en la difusión y divulgación de estos pecados y los representaron en sus obras.
Muchas comunidades religiosas han debatido durante siglos su verdadero contenido y alcance y se han hecho diferentes interpretaciones con sus respectivos castigos.
Según John Bossy, los siete pecados capitales serían la expresión de una ética social y comunitaria con la cual la Iglesia católica trató en su momento de contener la violencia y sanar la conflictiva sociedad medieval.
Al parecer, los pecados constituyen el motor de las sociedades y engendrarían beneficios impensables para la Humanidad, debido al deseo de bienes y servicios muchos de ellos innecesarios o de alcanzar la satisfacción pecaminosa de necesidades básicas, que gran parte de la población no logra cubrir ni los mínimos deseables.
De acuerdo a la doctrina cristiana los vicios y pecados aún vigente en la teología cristiana católica (no protestante), ésta deriva de doctrinas orientales, de la astrología, de la doctrina hermética, de la especulación gnóstica y, más atrás todavía, de la influencia musulmana.
Me adhiero a la conclusión que han llegado varios autores sobre el tema, y es que el origen de la teoría de los pecados capitales es claramente precristiano, pero el problema al que esa teoría se refiere es decididamente el problema de todas las religiones y de todas las filosofías o, lo que es lo mismo, deviene en el problema del mal.
Por: José Antonio Torres (joseatorres1960@hotmail.com)

