El pasado 23 de junio leí en su columna Al Día del vespertino El Nacional una nota que me sacudió la conciencia, en la que usted califica como un fraude la concesión del Premio Nacional de Novela a Aída Trujillo por su obra A la sombra de mi abuelo. Lo primero que debo decirle es que un fraude es un delito y de ello usted acusa a la editorial Norma o Aída Trujillo por someterla al concurso.
Debo decirle que ellos como editorial tienen todo el derecho, igual que cualquier otra editorial que haya publicado un libro de autor dominicano, y hasta donde todos sabemos, Aída Trujillo es dominicana, como usted y como yo.
Nosotros como administradores del certamen estamos en la absoluta libertad y derecho de aceptar todo libro de los géneros a los que convocamos porque no hay censuras para temas, ni para los autores nacionales.
Los temas son libres, así como las formas artísticas, según lo establecen las bases del concurso (Art.9), por lo tanto no había ninguna razón para impedir que el libro participara del certamen.
De hacerlo hubiéramos caído en la ilegalidad y la arbitrariedad, que tanta sangre, sudor y lágrima nos ha costado a los dominicanos erradicar del seno de nuestra sociedad.
Tampoco podíamos recibirlo y luego secuestrarlo para no enviárselo a los jurados porque cada participante llena una aplicación al momento de inscribir su obra inédita o publicada.
De igual modo, el jurado no cometió ningún fraude porque ellos son escogidos para premiar una obra y descartar el resto.
Entonces, ¿dónde está el fraude? Tampoco ningunos de los jurados está vinculado al grupo Editorial Norma, entidad que publicó el libro, como se ha querido decir.
(Fragmentos).

