CICLO
Los monstruos entran
Y salen del espejo:
La mujer-anaconda,
La pìtón-niña,
La arpía-violín.
Suelta la noche su ancha Cabellera de escorpiones.
Los aullidos de las rosas,
Decapitadas,
Llenan todo el ambiente.
Medusa toca la cítara
Con sus pezones ardientes.
El plano abismo del espejo
Degüella la noche
Con un rayo de luna muerta.
Los monstruos se han ido:
Ha llegado
El amanecer.
EL OJO Y LA ESPADA
El ojo azul,
Ultimo vestigio
De su desconocido dueño,
Se enamoró de la rubia espada,
Que las malas lenguas decían
Había sido de un patricio.
El ojo murió:
La enamorada espada,
Lo había degollado.
PACTO
Una paloma muerta
Era el vaso del cual
Bebía tu angustia.
Mis manos estaban
Iluminadas por tu sangre.
El vino degollado
Mojaba mi piel.
La embriaguez del suicidio
Ascendía por mis venas,
Mientras mi corazón sentía
A mi cuerpo latir.
Un orgasmo lánguido, céreo,
Escupía sombras desde mi hombría.
La cabeza de alguien
(¿La mía tal vez?)
Rodaba sobre el atardecer.
A través del espejo
Hacía el amor con tu recuerdo,
Mientras la saliva de un martes por la tarde,
Se convertía en el ataúd,
Que pronto íbamos a habitar.
ENCUENTRO
Nos desnudamos
Mi muerte y yo.
Ella sonríe, coqueta,
Y yo tiemblo de terror y excitación.
Me acuesto sobre ella,
Siento sus huesos
Clavar mis carnes;
Ella me abraza:
Huele a miedo,
A olvido, a ausencia.
Veo mi vida desfilar
Por sus cuencas vacías;
Ella me aprieta,
Me muerde,
Siento su aliento como si viniese del Más Allá,
Tengo un orgasmo,
Muero
Y luego despierto.
REGRESO
He vuelto,
Rodeado de lagartos
Y con salamandras en el alma,
Con asfódelos en los ojos
Y tórtolas en las manos,
Con una mujer desnuda
Colgando en mi aliento,
Y el sabor de su nombre
Humedeciendo mis labios;
Con el color de una mentira
Colgado de mi pasado,
Con la cifra de mi muerte
Tatuada en el corazón.
DETALLES
La tumba, doble,
Pintada de azul violento,
Relucía.
Un paraguas multicolor
Le daba sempiterna sombra.
Esa tumba
Era el centro del cementerio.
Una música suave,
Armoniosa,
Como de violín o espada,
Surgía de su interior.
Asombrado,
Me detuve a escuchar.
Se oía un roce,
Como de hueso contra hueso.
Un rayo de entendimiento
Me llegó como del cielo:
Los habitantes del osario
Hacían el amor.

