Los que aspiramos a vivir en un sistema democrático, con sus altas y bajas, sabemos lo necesario que es tener un sistema político plural.
Hugo Chávez Frías que es más revolucionario que la mayoría de los comunistas de América Latina, está consciente de eso y por esa razón permite en Venezuela que sus opositores participen en el juego democrático.
En el país, por el contrario, hay políticos que viven en el pasado y se atreven apostar que sepultando al PRD, que ayer cumplió 74 años de su fundación y hace 10 meses obtuvo la mayor votación en toda su historia, sacan de competencia a sus adversarios internos. Grave error.
Los sepultureros Miguel Vargas Maldonado e Hipólito Mejía, pretenden disputarse un supuesto liderazgo que ninguno de los dos tiene. Ambos han sido candidatos coyunturales con discursos de campaña muy mal estructurados, pero nada más.
Al parecer, el discurso de los dirigentes del partido blanco envejeció con la organización, lo que sin dudas pudiera llevarlo a la tumba para siempre, tal cual pasó con el PRSC, que tras la muerte de su líder Joaquín Balaguer, fue alquilado al PRD (Alianza Rosada) y posteriormente vendido al PLD.
El PRD no es el reformismo y de ahí que la salida del partido colorao del escenario político como fuerza beligerante e independiente pasó sin penas ni gloria, pero con el partido blanco la cosa es diferente.
De modo que aunque la organización se divide, como parece que será, mantenerla como opción de poder será una responsabilidad de toda la sociedad, porque es el contrapeso en el sistema democrático.
La permanencia de los perredeístas conviene hasta al gubernamental PLD, y ni que decir de los inversionistas extranjeros, de los empresarios y de todo el que tenga algo que perder o arriesgar en esta tierra de Duarte.
De modo que a nadie conviene frotarse las manos ni atizar las contradicciones entre los sepultureros Vargas Maldonado e Hipólito Mejía

