El vivir es una lucha que ennoblece al ser humano, independientemente de su condición de hombre o mujer. La lucha por la vida y existencia del ser humano es una experiencia diaria que llena los consultorios, las clínicas y hospitales en todas las naciones, que mantienen una dura faena en el inconsciente intento del cuidado de la eternidad del ser humano, de la prolongación de la edad para mantener la actividad del ser humano en la sociedad y en la familia que de una u otra manera enriquece la humanidad en todos sus niveles y existencia.
Es una lucha interna de todo ser humano, que quiere progresar para vivir con su familia enfrentando los avatares de la existencia, esquivando la muerte que siempre está acechando al hombre o a la mujer, independientemente del hemisferio donde la vida se agiganta y también se disminuye en el transcurso de las guerras.
En una de mis obras preferidas, El Arte del Derecho y otras Meditaciones de Eduardo J. Couture, se recoge un título sobre Muerte y Progreso en el que textualmente se expresa lo siguiente:
La ciencia lucha contra la muerte. Acostumbramos a llamar progreso a cada nuevo descubrimiento de la biología que nos da una nueva arma de lucha contra la muerte.
Hoy la vida es sensiblemente más larga que hace un siglo; el siglo próximo será sensiblemente más largo que este. Progresamos, progresaremos. Por este progreso estamos seguros de que hemos de vivir más, hablando por supuesto en lenguaje de masas y no de individuos, que nuestros padres y menos que nuestros hijos.
Si; habremos de vivir más. Pero ¿habremos de morir menos? No, por cierto. Nunca la ciencia ni el progreso podrán prometernos no morir. Ni uno menos dejará de morir a causa del progreso. Todos, absolutamente todos habremos de morir.
Con progreso habrán de morir exactamente los mismos que sin progreso.
He de aquí la más sorprendente demostración de que la muerte no es lo contrario de la vida. Más vida, pero no menos muerte es la formula de que la ciencia avance. Pero sólo la fórmula de que la hora incierta se aleje, pero no de que se suprima la mors incerta. ¡Y a pesar de todo el progreso! Es en lo único en que al hombre le es dado progresar en esta línea de la vida y de la muerte.
Esta parte de esa obra y autor, que en otras ocasiones he referido, de una precisión extraordinaria y excepcional, es un gran aporte para el contenido de este artículo periodístico sobre una materia que se vive diariamente en todos los países y las naciones de los distintos continentes de la esfera de nuestro planeta.

