Opinión

Luchar por la igualdad y sacar cuentas al poder

Luchar por la igualdad y sacar cuentas al poder

“Santo Domingo, República Dominicana. 8 de marzo del año 2009”. Podría ser fechada de este modo una crónica en la que se haga constar que la discusión sobre la salud sexual y reproductiva de la mujer sigue mediatizada por el poder patriarcal; que el poder temporal y el poder permanente fingen ignorar que existe  abuso sexual en determinadas instancias para no pagar el costo político de tolerarlo, y que la  condición de mujer sigue siendo un estigma, aunque algunos proclamen que se nos minimiza con el fin de protegernos.

El Estado dominicano es incapaz de ofrecer a las mujeres jóvenes información adecuada en materia de anticoncepción, porque el material a difundir  en las aulas y en otros espacios debe ser revisado por las autoridades de la Iglesia Católica.

La Cámara de Diputados, bien merece seguir exhibiendo un anacrónico nombre escrito en masculino, porque su práctica en esta materia ha sido dar un paso adelante y retroceder luego. El aborto se ha convertido en tema proscrito. En el Senado, sencillamente no se puede hablar de eso. Legisladores y legisladoras, con lo bien pagadas que son, viven de espaldas a la realidad. No se atreven a hablar siquiera de aborto terapéutico.

¿Con qué derecho el poder convierte la maternidad en condena por no sepultar la sexualidad?

Basta un pronunciamiento de Su Eminencia Reverendísima para que legisladores, funcionarios y dirigentes de los partidos del sistema hagan fila para pronunciarse contra el aborto. Es así, porque la Iglesia es parte del poder permanente. Es visible su participación  en el sustento ideológico del ejercicio del poder y su inserción como ente de acción en el capitalismo que El Vaticano ha calificado como salvaje (el capitalismo existente es el capitalismo salvaje) con una dosis de hipocresía similar a la que exhibió el presidente Leonel Fernández al llamarle venenoso por no contradecir la idea de Fidel Castro después que pidió un encuentro con él.

La demostración de fuerza que dio la Iglesia en 1963, al convertirse en ente protagónico en el golpe de Estado contra el gobierno encabezado por Juan Bosch, se actualiza cada momento con su acercamiento al poder temporal. No es, pues, por fe, que legisladores y funcionarios se arrodillan.

Ellos, como otros  representantes del poder, se prosternan para mantener su condición de beneficiarios de la desigualdad. Por eso, hacen coro a los pronunciamientos de autoridades eclesiásticas que condenan el aborto en nombre de la vida, sin preguntarles por qué ofrecen reconocimientos, dan apoyo y estimulan a los funcionarios que, como el  actual jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, reprimen más allá de lo que permiten las leyes elaboradas por el sistema mismo.

Condenan y persiguen la interrupción del embarazo, pero auspician la interrupción de la vida de un ser humano joven a quien la exclusión social ha llevado a la delincuencia, sin importarles incluso si pagan el precio de esta política otros jóvenes a quienes sólo los prejuicios de clase hacen parecer proclives a cometer delitos..

 Dado que el autoritarismo ha sido montado sobre un sistema patriarcal, afecta de manera particular a la mujer, porque  impone la invisibilización de muchas formas de abuso.

¿Qué han hecho los altos mandos policiales y militares ante la denuncia de que en los cuerpos armados muchas mujeres uniformadas han sido víctimas de abuso sexual por parte de oficiales? Lo mismo que ha hecho la Iglesia con los escándalos de abuso sexual en su seno contra menores: imponer una especie de pacto de silencio.

En septiembre pasado, una alistada del Ejército denunció acoso y maltrato, mencionando por sus nombres a dos oficiales superiores. La respuesta al escándalo fue que se haría una investigación… Y parece que ha tenido el mismo destino que la proclamada depuración, que no ha impedido el avance del sicariato y la asociación de malhechores en las Fuerzas Armadas y en la Policía.

Se presentan, pues, la corrupción y la podredumbre como obstáculos en la lucha por la igualdad.

El 8 de marzo es una fecha cargada de historia. Es indiscutible el aporte de la mujer  a la lucha por la reducción de la jornada laboral. Pero la lucha por  la igualdad debe continuar. Es deber de conciencia sacar cuentas al poder que oprime, enrostrarle la podredumbre que pretende disfrazar, y condenar su indolencia… Por la vida.

El Nacional

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