Hipólito Mejía y Luis Abinader son, hoy por hoy, las figuras fundamentales del Partido Revolucionario Moderno (PRM), los que tienen la última palabra, los que garantizan la fuerza y la unidad pues sus estructuras orgánicas internas son las más poderosas.
Desde hace meses ambos dirigentes, de común acurdo, se reúnen todas las semanas junto con los principales dirigentes para trazar las políticas que deberá implementar el partido tanto para lo interno como lo externo. (Ojalá esa práctica se mantenga porque al PRM le falta mucho por hacer para convertirse en un partido que sea opción de poder en las elecciones de 2020).
Hasta donde tengo entendido, Hipólito no controla la estructura partidaria; Luis, tampoco. Por lo tanto tienen que respetarse y hacer con la suficiente sensatez y madurez que les permita avanzar en sus proyectos. Primero debe estar la marca, es decir, el partido, el PRM; luego las candidaturas.
Sin un partido fuerte y unido, es muy difícil que cualquiera de los dos gane las elecciones aun sea candidato. Lo que permite el triunfo final, no es la candidatura, es el partido, es el PRM, unido, integrado por hombres y mujeres bien formados políticamente, con valores bien arraigados que le permitan defender el voto en las elecciones a cualquier precio.
Ante esa situación, es imprescindible un entendimiento entre Hipólito y Luis; que sus legítimas aspiraciones a la candidatura presidencial del país no obstruya los trabajos organizativos, ni el diseño de las políticas de cara al gobierno.
Hipólito es el contrapeso de Luis. Y viceversa. El propósito primario de ambos no puede ser la presidencia de la República. Debe ser derrotar al PLD, sacarlo del gobierno. Eso, a mi juicio, es más importante que cualquier candidatura, no sólo a la presidencia, sino a la vice, a una senaduría, diputación o alcaldía.
La convención para elegir las nuevas autoridades bien puede hacerse unitariamente.
El PRM tiene muchos hombres y mujeres que pueden ocupar dignamente la presidencia, secretaria general, entre otros cargos. No son hombres o mujeres de Luis o de Hipólito, tienen que verse como dirigentes del partido, independientemente de cuál sea su simpatía.
Luego, cuando se elijan los candidatos a cargos electivos, presidencia de la República y demás, tiene que hacerse por igual armónicamente donde ganen los mejores o los que obtengan en buena lid más votos. Pero la unidad tiene que estar presente siempre, porque “sin unidad no hay fuerza, y sin fuerza no hay victoria”.
Contrario al Partido de la Libración Dominicana donde no hay equilibro ni contrapeso porque hace mucho que Danilo Medina se alzó con “el santo y la limosna”, es decir, con el partido y con el Estado, en el PRM hay –y debe haber- equilibrio, entendimiento entre sus líderes para poder triunfar.

