El presidente venezolano Hugo Chávez, que se ha inclinado por una salida negociada antes que por la amenaza y el recrudecimiento de la violencia, ha recibido, según el canciller Nicolás Maduro, luz verde del asediado dictador libio Muamar el Gadafi para mediar en la guerra civil que ha convertido la nación norafricana en un baño de sangre.
La misión que se ha propuesto Chávez, al margen de su relación como aliado estratégico de Gadafi, a quien más compete es al presidente estadounidense Barack Obama. Tanto por su condición de Premio Nobel de la Paz como por la hegemonía de Washington como primera potencia mundial.
Pero Obama ha apostado por la guerra contra Gadafi antes que por la paz en Libia. Hay que reconocerlo, no sin lamento. El tono del mandatario estadounidense, de amenazar con utilizar la fuerza en caso de una crisis humanitaria, no puede ser más belicista. Sobre todo después del cerco militar y las sanciones económicas que ha anunciado contra el dictador libio.
La guerra en Libia no puede verse con el mismo crisol que otras revueltas en los países árabes, aunque todas tengan como denominador la consigna de libertad y democracia. La nación que desde hace 42 años gobierna el coronel Gadafi tiene la particularidad de que es la séptima productora mundial de petróleo. De hecho, a causa de la insurrección los precios del crudo se han disparado, dejando sentir sus efectos en países tan lejanos como República Dominicana.
En adición a los factores humanitarios, el peso de Libia en la economía mundial es lo que hace tan importante la misión de paz propuesta por Chávez para mediar entre el Gobierno y la oposición a Gadafi. Después de rechazarla bajo el argumento de que Venezuela no tiene idea del conflicto las autoridades libias han recapacitado.
Como el éxito de la misión está condicionado al papel de Estados Unidos, el presidente Obama debería siquiera por su condición de Premio Nobel de la Paz darle una oportunidad a una mediación que también tiene que contar con el más decidido respaldo de las Naciones Unidas.
De ponderarse la iniciativa de Chávez entonces cobraría más fuerza la versión de que el apetito del petróleo libio es uno de los factores que ha estimulado la inspección contra Gadafi. Lo sensato es que pueda encontrarse una salida negociada que el derramamiento de más sangre y una crisis como la que desde ya se siente a causa del alza en los hidrocarburos.

