Opinión

Madiba

Madiba

Dicen que cuando los que queremos se están muriendo hay que cantar, más que cantar susurrarles, como si fuesen niños pequeños a quienes se acuna. Lo peor es el llanto, que los acongoja y retiene. Por eso en África solo se llora la muerte de los niños y se canta el retorno de los mayores a la gran patria, esa donde nos esperan nuestros padres y una gran sonrisa permea de arcorisises el ambiente.

Nelson Mandela no tuvo que esperar a morirse para conocer ese paraíso, porque desde hace una década la gente rodea su casa y canta y recita su cariño para el más universal de los hombres, el líder más querido de la humanidad, un verdadero príncipe del espíritu para quien el perdón fue la zapata sobre la que reconstruyo la tierra de sus ancestros, devastada por el mas racista de los sistemas: el Apartheid.

Hijo de un jefe tribal de la pequeña comunidad de Mwezo, Mandela fue el primero en asistir a la escuela de su familia y el primero en graduarse de abogado en 1942, pero para él la abogacía no era un pasaporte a otra clase, al ejercicio de la Ley para beneficio propio. Para él la Ley fue un instrumento para asistir a quienes no tenían recursos para pagar una asistencia legal, sobre todo los jóvenes negros de los barrios, victimas permanentes de la violencia policial de un sistema de segregación racial que era también de clase. Para ellos creo el primer bufete negro de Sur África.

Su defensa de los condenados de la tierra provoca que en 1955 lo condenen por “traición a la patria”, batalla legal que gana después de cuatro años de litigio. Entendiendo que sin organizacion no hay cambio, Nelson se integra al Consejo Nacional Africano, militancia que provoca que en 1964 lo condenen a cadena perpetúa y pase 27 anos en prision en una isla que se llama Robben Island.

En el 1990, por una campaña mundial contra el racismo del régimen de Suráfrica sale libre para convertirse, cuatro años después, en el primer presidente negro de su país y darle una lección al mundo que lo catapulta a la inmortalidad: es con el perdón como se construye, el odio solo crea barreras y violencia, la superioridad del ser humano está en el perdón, es lo que le distingue de la locura guerrerista y violenta de sus adversarios, de la bestialidad potencial del homo sapiens.

A los 90 años dijo: “Es tiempo de que nuevas manos lleven la carga, el destino de la humanidad ahora está en vuestras manos, la justicia y la paz ahora están en vuestras manos”. Aquí están las nuestras Don Nelson.

Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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