A María Luisa, Pura y Gabriela
La maternidad es un estado del espíritu, no una condición biológica. La ternura es su denominador común y esa ternura es una sábana que lo arropa todo: desde las flores y el gato y el perro, hasta el color y el olor de las cosas.
Celebra tanto la rosa como al niño o la niña; ese algo pequeñito que alguna vez se aferra a tu meñique con su dedito y ensaya una sonrisa, y sientes que nada en el mundo supera esa tibieza que te envuelve, el océano de besos y abrazos que quisieras darle si no fuera porque es tan frágil que tu efusividad podría romperlo.
Siento a mi madre cerca y alrededor más que nunca. Es una abrumadora presencia, una esencia. Cuando el olor de las azucenas invade mi espacio se que está ahí y la saludo y prometo que pronto ese abrazo será de dos presencias que se convertirán en arcoíris y abrazarán a su vez a los que quedan en este valle de lágrimas y risas.
He visto florecer la maternidad en los viejos edificios de Manhattan, donde a diario una señora pequeña, muy mayor, le trae café a Dinorah. Es el mejor café del mundo, dice Dino, porque está hecho con amor.
Y la he visto en el plato de comida con que la vecina se asegura de que Dinorah está viva y sana, como aprendimos a observar los buzones de correspondencia y reportarlos cuando están repletos, por lo que pueden significar.
Es un sistema de redes donde la maternidad real se manifiesta en pequeños detalles, detalles cotidianos en apariencia pequeños que todo lo dicen.
Ojalá las madres futuras sean mujeres enamoradas de la idea de parir
Por eso no me canso de repetir que la maternidad no es una condición biológica, que es un estado del espíritu, que nace, crece y madura y cuando está listo da a la luz nuevos seres destinados a la luz, no al maltrato físico, o psicológico.
En ese proceso, está la garantía de que la ternura reine sobre el descuido y el maltrato; de que las madres de las generaciones venideras sean mujeres adultas, plenas, conscientes, enamoradas de la idea de parir, no niñas embarazadas violentamente por un abuelo lujurioso, un padre enfermo de animalidad; o pequeñas bestias en gestación con forma de hermanos, primos, o amigos.
Yo, que no pude parir a pesar de todos mis intentos, por una endometriosis aguda que agravó la ignorancia médica; después de múltiples operaciones; yo que he llenado mi vida de hijos e hijas que otras amorosamente conmigo comparten, celebro a María Luisa como celebro a Pura, y Gabriela, las madres amorosas de Mayra y Daysi, para quienes no dan abasto las palabras.
Por. Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

