(I)
El año 2023 va con pasos acelerados, pero con pésimos indicios para el futuro del país: estocada a la soberanía nacional, aprestos electorales, y enfriamiento de los ideales de justicia.
Como un regalo de reyes el país recibió, en enero, una gran estocada ya que por disposición judicial lograron su libertad personas que, conforme a sus expedientes, se esperaba que iban a ser ya condenadas. Se trata de funcionarios del gobierno pasado e incluso del actual, que habían sido sindicados como corruptos de altos vuelos, y por tales motivos guardaban prisión.
El entusiasmo ciudadano que hubo cuando estos fueron apresados, se elevó por lo alto, pero ahora se ha desplomado.
El desfile de exprisioneros fue espectáculo poco grato: el general Adán Cáceres, la pastora Rossy Guzmán, y su hijo, caso Coral. También los actores y actrices de la Lotería Nacional, y hasta el caso inimaginable de quien fuera Procurador General de la República, Jean Alain Rodríguez.
Con anterioridad a esta fecha, ya se les había variado la medida de coerción a Alexis Medina, y a otros de sus compañeros en el bochornoso caso Pulpo. Todos están en sus casas, gracias demos al tecnicismo judicial aplicado, al manejo aguerrido de la defensa, y por qué no decirlo, a los juristas que son sacerdotes del debido proceso.
Todo este conjunto ha aturdido y amilanado la fe en el combate a la impunidad. Esa estocada ahora está clavada donde mismo nació el entusiasmo inicial.
Este cese de prisión induce a recrear el caso Odebrecht donde las expectativas de justicia, que eran tantas, se fueron desvaneciendo. Lo que aun pueda quedar del caso Odebrecht es solo una película de mal gusto. La medida a favor de sujetos que son artistas del engaño, que planifican muy bien sus delitos, no debió proceder, esto es una gran bofetada a la ciudadanía.
La víctima sigue siendo la sociedad, para la cual no existen consideraciones, ni debates filosóficos que la rediman. La sociedad es, dentro de ese esquema, un cuerpo que no siente, y que puede, sin alterarse, soportar por siempre. Esta decisión judicial, así sea condicional, promueve desvelo y compasión hacia quienes delinquen, pero desestimula la confianza en la justicia.
Aquí ya no importa quienes sean culpables de la decisión: fiscales, jueces, tecnicismo judicial, o el debido proceso. Para el caso, da igual pues todo al unísono estuvo bien servido. Aunque supuestamente el proceso continúa, este golpe no se amortigua con esas promesas. La experiencia generalizada indica que muy pocos, luego de la libertad condicional, vuelven a la cárcel.
Ahora Se necesitan estadísticas judiciales que muestren la realidad, si es posible por periodo, tipos de delitos y crímenes, para que dichas estadísticas arrojen luz sobre cuáles y cuántas personas volvieron a la prisión luego de haber sido beneficiadas con la libertad condicional.
Para evitar posteriores sorpresas, conviene seguir de cerca el ambiente de confusión que han generado muchos casos llevados a la justicia donde se sabe que, en materia de acusación las pruebas son el elemento esencial, pero hechos se han dado donde habiendo pruebas, la decisión final nos llenó de asombro.
¿Recuerdan el caso del abusador de Bani? ¿No hubo aquí la fehaciente prueba que, para vergüenza nacional, recorrió el mundo entero?.
Por: Melania Emeterio
lidiamelania31@gmail.com

