Opinión

Malas noticias

Malas noticias

Luego de que el expresidente Fernández cediera el mando, hemos sido agobiados con malas noticias. Deudas astronómicas, déficit presupuestario y de generación eléctrica, concesiones de dudosa legalidad, adendas a contratos por montos superiores al porcentaje permitido por la ley, obras sobrevaloradas, corrupción administrativa, pensiones a granel otorgadas sin méritos justificativos, en fin, parecería que acabamos de salir de un túnel.

He sostenido que durante los últimos 8 años adormecieron la conciencia de los dominicanos. Las tarjetas de solidaridad y demás incentivos asistencialistas nos volvieron acríticos, indiferentes, dóciles, manipulables. Dicho de otro modo, nos convirtieron en dominicanos de acta de nacimiento, no en dominicanos de trabajo y superación. 

La experiencia nos ha obligado a temerle al coctel que se hace con estas dos palabras: reforma fiscal. El miedo resurge ahora porque tendremos todos que pagar los excesos de la política electorera del exmandatario, quien aceleró de tal modo el gasto público en los cinco primeros meses que el presupuesto de este año tiene un faltante de más de 125 mil millones de pesos. 

Por culpa de nadie más estrenaremos ahora nuevos impuestos. Y no tenemos derecho a quejarnos, porque sabíamos que los ajustes venían montados en cada caravana del PLD. El que pensó que las vallas, los espacios en periódicos, o las cuñas de radio y televisión se pagaban con aportes del sector privado, pecó de ingenuo. Sea como fuere, lo cierto es que nadie nos despinta la reforma impositiva, con la agravante de que se hace tarde. El proyecto de ley del presupuesto, según el 2.g del artículo 128 de la Constitución, debe someterse al Congreso a más tardar el primero de octubre, y lo que menos quisiera nadie es volver a ver a Abel Martínez vociferarles a sus compañeros de hemiciclo “Voten honorables, voten”.

 

El Nacional

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