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No solo a Minou, sino al sector al que se le vinculaba -lo del pasado es porque el grupo parece haber desaparecido-, dentro del PLD, se le percibe con una sostenida pérdida de incidencia, sobre todo si se compara su discurso, su trayectoria, con las rutas elegidas por su organización. Cero sintonías.
Eso la conmina a tomar decisiones. De no hacerlo, se expone incluso a la pérdida de peldaños alcanzados, entre ellos la diputación, y podría caer en una penosa situación de simple símbolo para ser expuesto para capitalización de otros.
La primera pregunta sería si existe a lo interno del PLD la voluntad requerida para revertir el proceso de predominio del conservadurismo que se ha ido consolidando. Si la respuesta es positiva, entonces Minou estaría compelida a radicalizar sus posiciones críticas frente a la actual dirección partidaria y dedicarse a trabajar en la construcción de una corriente de pensamiento y acción que postule e impulse los cambios de paradigmas en el partido morado.
Si la conclusión es, en cambio, que en el PLD todo está irremisiblemente perdido, la diputada tiene que dedicarse a organizar su retirada y ahí radicará el mayor reto a su inteligencia política para lograr que el hecho tenga la connotación que su perfil puede generar.
Es preciso descartar una salida precipitada, es decir, desprovista de un plan estratégico a ser implementado tras el abandono. Eso pasa por la concertación con otros segmentos sociales, políticos y económicos que sustenten un proyecto político mayor que jamás debe fundamentarse en individualidades, sino con amplio sentido participativo y democrático.
Debe estar advertida de que la dirección peledeísta no tiene ni un ápice de torpe y está consciente del valor que para la entidad representa su militancia, sobre todo en momentos en que parece agotarse el modelo elegido por quienes optaron por desechar, desde la conducción del Estado, los postulados y el ejemplo de Don Juan, y podría ser necesario mostrarla como antídoto contra las recriminaciones.
En ese sentido, es casi seguro que sea destinataria de caramelitos seductores para entretenerla y retenerla, casi aniquilada, en predios que, en esas circunstancias, solo pretenderían simular usándola como tonta útil.
Aceptar propuestas tan indecorosas como esas, sería el peor desenlace posible de una carrera política que se valora interesante, pero al mismo tiempo atrapada en las dificultades innegables que implica asumir decisiones trascendentes. “Mañana te escribiré otra vez” para comentarte lo que hiciste…
Pedro P. Yermenos Forastieri
pyermenos@yermenos-sanchez.com
