Opinión

Mano dura

Mano dura

Es nuevamente la consigna para hacer frente a la delincuencia que sigue arropando a nuestra sociedad. El problema de la “mano dura” en este país es que, no es precisamente con una mano que se ejecuta, sino con balas. Y las balas sólo saben hacer una cosa, ir hacia delante.

 Lo más triste  es la hipocresía, y no de las autoridades, sino de nosotros mismos. Hace no más de dos meses estaba todo el país indignado por el asesinato de personas inocentes en las “redadas” de la Policía que ordenaban parar a “lo oscuro”, y ahora estamos celebrando y reclamando a las autoridades más ejecuciones extrajudiciales.

 Y no soy uno del grupito de los  “derechos humanos”. La realidad es que si por mí fuera, al delincuente que se agarre en el acto, se le guindaría por los pies en las entradas de los vecindarios para que todo el mundo los vea, y bateen sus cabezas como si fueran piñatas. Pero por suerte eso no depende de mí, sino de personas que en teoría deben ser racionales al momento de fijar una política contra la delincuencia. Y por racional quiero decir, no una salvajada como la “mano dura”.

 Miles de personas entre delincuentes e inocentes han sido muertas a manos de las fuerzas del orden en los últimos 10 años desde que empezó el régimen de la “mano dura”. Igual, miles de “redadas” se han realizado desde que las operaciones Centella empezaran a principio del 2000. Los resultados son  evidentes, la “mano dura” no funciona.

 El fracaso de la “mano dura” no  implica que  no haya algún impacto. Una persona normal  luego de pasar  nueve horas trabajando por un sueldito, se monta en su vehículo para llegar a la tranquilidad de su casa o a dispersar su mente, es detenida (y  encañonada) por hombres con armas de guerra para “requisarla” como si fuera terrorista de Al Qaeda, eso tiene su impacto.

 También producen impacto las personas inocentes  asesinadas por las fuerzas del “orden”: se  reportan trifulcas entre civiles y policías, y la gente abiertamente reporta su temor de detenerse o siquiera cruzar cerca de los agentes supuestamente llamados a protegerles.

 No ha de sorprender que sean ministros, legisladores, el Cardenal y políticos de renombre los que piden “mano dura”. Ellos no saben lo que es que le soben una M-16 al lado porque a juicio del “sargento” no te detuviste  rápido. Ni tienen la menor idea de lo que es perder un hijo, un hermano, un padre o un amigo por el capricho de un cualquiera, que entendió que éste no cumplió una orden. Ellos no lo saben, porque en vez de tener militares deteniéndoles, tienen militares asignados para abrirles el paso.       

Visto eso, cuando se alzan los pedidos de “mano dura” mis temores (ya existentes por la delincuencia) se multiplican, ya que me obliga a también estar vigilante de los agentes del “orden” con licencia abierta para cazar indiscriminadamente a otras personas como si fuéramos venados.

Siempre estamos hablando de una  inversión de valores que nos traen desde el exterior, sin fijarnos que desde hace años nosotros mismos venimos enalteciendo la violencia y la “mano dura” como forma de resolver  problemas. De ahí, la delincuencia que venimos cosechando. Buen provecho y disfrute el pan amasado con “mano dura”.

El Nacional

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