Opinión

Manuel García Verdecia

Manuel García Verdecia

La novela es un excelente ejercicio narrativo que nos pone en contacto con la ardua y martirizada vida de un país que, más allá de estas páginas, sufre aún hoy las consecuencias de tantos desatinos.

Haití es tierra maravillosa. Cuenta con una singular historia que lo convierte en el primer país del devenir humano donde los esclavos se sublevaron y lograron establecer la primera república libre de Iberoamérica. Su cultura, formada como todo en el Caribe mediante la transculturación, con un carácter eminentemente popular, destaca por notables riquezas en la música, las artes plásticas (allí están los mejores pintores naïf del hemisferio) y la oralidad. A esto se suma una vida muy peculiar donde mito y realidad se confunden para generar una dimensión mágica de la existencia. No es fortuito que fuera en contacto con lo insólito de ese país que Alejo Carpentier formulara su tesis de lo real-maravilloso. Lamentablemente Haití se conoce más en el mundo por su pobreza y el sufrimiento producto de una larga cadena de desgobierno, expoliaciones y abusos, que han generado que su superpoblada superficie esté entre las más sufridas del orbe. Sin embargo, la nación atesora también una singular literatura. Autores como Atenor Firmin, Jean Price Marss, Jacques Stephen Alexis, Jacques Roumain, René Depestre y Edwige Danticat, dan fe de la sólida tradición de sus letras.

Ahora la Editorial Casa de las Américas, en su Colección La Honda, ha vertido al español (en una muy fluida, eficaz y expresiva versión conseguida por la talentosa y avezada Lourdes Arencibia) una autora poco conocida en nuestro continente pero con una obra notable. Se trata de Évelyne Trouillot y su novela La memoria acorralada. De la autora apenas conocemos los datos de contracubierta (las búsquedas de Internet poco aportan al respecto, maldito destino de los escritores periféricos), mas la obra habla por ella y nos alerta de una narradora de talento y rica sustancia en su quehacer. Évelyne nació en 1954 en Puerto Príncipe, donde reside. Ejerce como docente y alterna esta profesión con la creación literaria. Es una escritora muy completa por la variedad de géneros y temas que aborda. Ha escrito varias novelas, entre las que destaca Rosalia la infame (2003), con el Premio Soroptimist conferido en Grenoble, Francia. También es autora de noveletas, cuentos, ensayos, así como poemas. Escribe además teatro, en el cual ha obtenido el Premio Beaumarchais por su pieza El azul de la isla, de 2005. La presente obra ofrece una contundente muestra de su talento y buen oficio.

La memoria acorralada cuenta la historia de dos mujeres haitianas opuestas por clase y principios, pero unidas por origen y destino. Una, María Ángela, es una joven asistente, diplomada en comunicación, que trabaja en un hospicio en las afueras de París. La otra es una octogenaria que pasa sus últimos años allí. Sin embargo, esta no es una anciana común, sino la viuda del Dictador de Haití. Aunque aquí la autora la ha convertido en un personaje, Odilia, evidentemente se trata de la que fuera esposa de François Duvalier, Simonne Ovide. Creo que la novelista ha optado por este recurso para no verse constreñida por los rigores de la historia y poder desplegar mejor su invención de acuerdo con los propósitos que la alientan. Teniendo en cuenta la dramática vida que le tocó a María Ángela, tal cualidad de su paciente la convierte en un motivo de constante dolor y odio. (Mediaisla).

El Nacional

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