Opinión

Martha Celeste Trujillo

Martha Celeste Trujillo

Martha Celeste Trujillo dijo que Camilo Rodríguez, ex pareja y agresor, la quiere matar y por eso, anda prácticamente huyéndole. Se querelló al Ministerio Público de Moca, que apresó al agresor, pero la jueza Rosa Molina, de ese distrito judicial, lo favoreció con una garantía económica de diez mil pesos, a pesar de que la amenazó de muerte y la agredió reiteradamente.

Mientras esta mujer espera para comparecer ante la Corte de Apelación de La Vega, es responsabilidad del país, porque ya ella lo dijo y nadie en esta media isla puede ignorarlo: la quiere matar Camilo Rodríguez, un agresor que ha dejado marcas en su cuerpo y en su alma, con siete querellas interpuestas por ella. (Él, se pasea tranquilo, acechándola).

La amenaza de muerte en el marco de la violencia basada en el género contra  las mujeres, pone en riesgo a las víctimas y debe mover a toda la justicia que, pareciera, no acaba de entender que un masculino violento que amenaza de muerte a una mujer, puede matarla. A quien menos le luce minimizar esta situación es al juez o jueza, como en este caso, ya que tiene en sus manos la seguridad, al menos inmediata de la víctima amenazada.

Otro detalle que aumenta el peligro en la vida de Martha  Celeste Trujillo, es que Camilo Rodríguez es adicto a las drogas, factor complementario que potencializa el riesgo de esta mujer que, como muchas en el país, sienten que su vida está amenazada desde el marco de una relación de pareja, sobre todo si ha sido terminada.

Una autoridad ubicada en la línea de atención a la violencia ejercida contra las mujeres, debe saber que uno los factores fundamentales que la provocan es la posición desigual y cultural de hombres y mujeres, lo que genera un desbalance de poder, en detrimento de ellas, y es posible que no lo entienda, como la jueza de Moca, porque no está preparada por el sistema.

También deben saber que, además de esa cultura permanentemente reciclada, en nuestra realidad existe un “plus” y es la utilización normalizada de la violencia en las resoluciones de conflictos: todo se resuelve a trompadas, insultos y últimamente, como la gente parece andar armada, a balazos o cuchilladas.

También, las drogas y el alcohol, junto a una baja autoestima, experiencias de maltrato en la niñez, adhesión a los roles masculinos tradicionales, religiosidad, etc., son potencializadores de una conducta violenta que funcionan incrementando las posibilidades de que la víctima corra una suerte fatal.

¡No es juego, Martha Celeste Trujillo, en Moca de este país, está en peligro real y la justicia, el entorno, Estado y sociedad, tenemos que protegerla!

El Nacional

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