Opinión

Más allá de Jean Alain

Más allá de Jean Alain

Abordar los acontecimientos suscitados a raíz de la evaluación por parte del Consejo Nacional de la Magistratura de la Magistrada Miriam Germán desde la exclusiva óptica de un enfrentamiento entre ella y el procurador general de la república, e incluso desde la innegable violación al reglamento que rige dicha evaluación constituye, desde mi punto de vista, una manera reduccionista y, por eso, limitada, de evaluar tan gravísimo suceso.

Voy más lejos, ni siquiera la meritísima jueza es el problema fundamental. Ella, en este momento, se ha erigido, por encima de cualquier consideración, en el símbolo que encarna el poder judicial que debe ser, pero que se impide tener por no ser obsequioso con el plan estratégico trazado desde las más altas instancias de la esfera política que intenta consolidar una posición hegemónica sobre todos los poderes del país. Esa es la gran lección que se deriva de esto y la principal derrota para la democracia dominicana, lo cual va más allá de personas en particular y de meras determinaciones legales.

Quedarse en el agravio unilateral al procurador y enfatizar de manera excesiva en que el gran pecado que implica lo ocurrido es que no se haya respetado el procedimiento establecido para las objeciones, equivale a construir con materiales de complicidad e ingenuidad, el puente por donde pueden escaparse los reales temas que se escudan detrás de lo visible y los auténticos autores de que se proceda de tan deleznable forma.

Los recursos miserables a los que recurrió el jefe del ministerio público evidencian un trabajo previo que supuso utilizar mecanismos ilegales como intervenir teléfonos sin autorización judicial; espionaje; chantaje; manejar información con el propósito esencial de descalificar sin el más mínimo interés de actuar como procediera si el ánimo verdadero fuera establecer la verdad y hacer aplicar la ley.

Por encima de todo eso, revela que un procurador con la vinculación indisoluble que tiene el actual con su superior, jamás se involucraría en una acometida de esa magnitud sin la autorización de quien lo designa y al mismo tiempo preside el Consejo y la nación.

Como no me satisface recibir ni dar explicaciones fáciles y manidas, ni me parece justo disparar todos los dardos contra aristas débiles por insólitas que sean, descarto sumarme al discurso que sintetiza en el ejecutor de la trama la totalidad de la responsabilidad, eximiendo de ella, por cobardía o pusilanimidad, al mayor beneficiario del ardid.

El Nacional

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