La atadura del país al capitalismo en crisis como la opción por el neoliberalismo y la corrupción- no es solo una imposición externa, sino también una determinación del cohollo del poder político y social local. Aquí como allá, se recurre al endeudamiento, al recorte de gastos sociales, a los ajustes, a la expoliación de la naturaleza para contener la desestabilización y favorecer al capital.
Aquí oficialmente están entrando fondos del FMI, el BM, el BID y la venta de bonos. Extraoficialmente fluye el dinero del lavado que lo pudre todo. Esto podría darle un respiro al gobierno hasta mayo del 2012; pero no más, porque luego todo se empeorará.
A esto se agregará, junto a las secuelas de la corruptela electoral, el repunte de la crisis en Estados Unidos y en Europa, que habrá de reducir remesas, inversiones e ingresos por las exportaciones de bienes y turismo.
El camino que imponen los de arriba, no les deja a los de abajo y a los del medio más que indignarse y reventar de manera original, por lo que no es aventurado pensar en una crisis integral, acompañada de movilizaciones ascendentes.
Situaciones así no son comunes. Se presentan en determinados períodos históricos y ofrecen oportunidades excepcionales para las fuerzas transformadoras, pues vale decir que las crisis por sí solas no generan revoluciones.
El deber de las izquierdas sociales, políticas y culturales es promover las rebeldías, hacerlas crecer y desde ahí construir nuevas fuerzas y propuestas alternativas.
Es lamentable que en esta situación una parte de los que se dicen -o decían- de izquierda renuncien a enfrentar el capitalismo y el imperialismo; se resistan a plantear las nuevas transiciones revolucionarias y a enriquecer el pensamiento socialista; y hasta luzcan renuentes al desmonte a fondo del neoliberalismo.
Alarma su reformismo, su respeto a las leyes vigentes su negativa a plantear la desprivatización y a enfrentar las nuevas modalidades de intervención de Estados Unidos. ¡A crear una nueva institucionalidad!
Ahora más que nunca, necesitamos diferenciarnos de esa manera de convertir a las izquierdas en algo ambivalente y funcional al sistema.
Urge retomar la lucha contra el bloque dominante-gobernante que controla los poderes temporales y permanentes establecidos; sin descartar métodos y vías, algunas inéditas, basadas en la participación del pueblo excluido y en el accionar de las fuerzas transformadoras hacia un sistema alternativo.

