Sobre el tapete, el tema de la composición de la Cámara de Diputados, recuerdo mis días de profesor de derecho constitucional en la desaparecida Universidad Mundial. En aquella época parecía normal el texto del artículo 24 de la actual Constitución, que prevé la elección de un diputado por cada cincuenta mil habitantes, y otro por una fracción de veinticinco mil.
El problema es que la población dominicana crece apresuradamente y, a la fecha, nuestro pequeño país, con menos de diez millones de habitantes, cuenta con la friolera de 210 diputados.
No hablemos del costo en términos presupuestarios de un organismo súper hipertrofiado, como es la Cámara de Diputados.
El artículo 69 del proyecto de reforma constitucional sometido por el doctor Leonel Fernández, presidente de la República, deja abiertas las posibilidades de aumentar el número de diputados a doscientos treinta y ocho, y con posibilidades de elevarlo a doscientos cincuenta miembros.
La propuesta presidencial incluye dos nuevas modalidades, que son la de ultramar, que tendría siete miembros, y los nacionales, que serian veintiuno.
Objetar la representación de ultramar, seria darle larga a una vieja injusticia, y negarle a la diáspora dominicana parte de lo mucho que el país recibe de ellos. Personalmente, me identifico con esa iniciativa.
Por muchas razones, no siento la misma simpatía con la idea de seguir agregándole patas a un órgano legislativo que ya es, por su tamaño, inmanejable, y que, de seguir creciendo, muy pronto podría engullirse una proporción considerable del Presupuesto de la nación.
Por el bien del poder Legislativo, y hasta de la misma democracia, lo racional y pertinente es modificar el preindicado artículo 24 de la Constitución, para que, en lo adelante diga que debe elegirse un diputado por cada cien mil habitantes, y otro por la fracción de cincuenta mil o más.
Si se realiza un estudio comparativo de los Congresos de América, es casi seguro que se colocaría a a la República Dominicana a la cabeza, con el Congreso más numeroso de todo el hemisferio.
Relativamente, tenemos más diputados que cualquiera de las naciones más desarrolladas del mundo.

