Más de medio mundo celebra hoy el Día de San Valentín, onomástico del amor y de la amistad, sublimes valores que resaltan la consolidación familiar y la convivencia social.
Los orígenes de esa efeméride, que comenzó a ser aprovechada comercialmente en 1840 por la estadounidense Esther A. Howland, se sitúa en la antigua Roma, con la adoración a Eros, dios del amor, pero otros creen que la fecha tiene relación con la temporada de apareamiento de las aves.
El simbolismo del Día de la Amistad o del Amor se relaciona con el simbolismo de avecillas como el ruiseñor y con flores tan hermosas como las rosas, jazmines y orquídeas.
En República Dominicana, donde al saber le dicen dicha y al peso tolete, tan sublime fecha tuvo ayer un singular festejo con la celebración del matrimonio entre una pareja de burros, inquilinos del Parque Zoológico Nacional.
Esas nupcias tienen singular importancia, porque además de celebrarse en víspera de tan especial ocasión, llama la atención sobre el peligro de extinción que corre esta especie animal que hoy se agrega al simbolismo del amor y de la procreación. Conforme al último censo oficial en territorio dominicano apenas quedan 536 burros o burras, por lo que se considera atinado que mediante el matrimonio de tan noble pareja se aliente la reflexión en torno a la necesidad de multiplicar esa especie.
Aunque la unión de un burro con una yegua produce el mulo, definido como un animal fuerte para el trabajo, esa especie es infértil, por lo que se requieren de muchos matrimonios entre burros y burras para evitar la extinción de una especie que ha desaparecido en muchos lugares de Africa y América y que representa un sólido perfil o referente de la cultura y el folclor nacional.
No hay que extrañarse si con el paso de los años, la digna figura del burro sustituya en las tarjetas por San Valentín a frágiles avecillas, aunque imposible será que pueda entonar los cánticos del ruiseñor.
En tan sublime Día de la Amistad y del Amor, se formulan votos por la consolidación de la convivencia personal y social y por un feliz, largo y reproductivo matrimonio del burro y la burra.

