Opinión

Máximo Cabral:

Máximo Cabral:

La segunda intervención de los Estados Unidos en la República Dominicana durante el siglo 20 ocurrió en mayo de 1916, lo que provocó la renuncia del presidente Juan Isidro Jimenes y Pereyra, que había sido electo en 1914.

La misma actitud sería asumida por el doctor Francisco Henríquez y Carvajal, quien reemplazó al presidente Jimenes por elección del Congreso Nacional.

La primeras tropas del “US Marine Corps” estaban bajo las órdenes del tristemente célebre vicealmirante William Caperton, que en el año anterior, o sea, en 1915 había hecho algo parecido a propósito de la invasión USA a territorio haitiano.

Algunos caudillos criollos, que en parte eran corresponsables de los desastres económicos, políticos, sociales e institucionales que “provocaron” la humillación del suelo de la Patria, no dieron el frente y prefirieron hacer mutis ante tan tremendo adversario.

Pero… muchos dominicanos no estaban dispuestos a tomar las de Villadiego, y decidieron hacer frente armado al invasor, mientras otros lo hacían desde tribunas políticas, desde denuncias internacionales, a través de la palabra escrita, las marchas, etcétera.

Al llamado del general y patriota Carlos Daniel, varios dominicanos se dispusieron a enfrentar a las fuerzas de ocupación, dispuestos a vencer o morir, conscientes más bien de que ante una lucha tan desigual les esperaba la muerte.

Uno de esos valientes que acudió al llamado de la República fue el capitán Máximo Cabral, que junto a 79 bravos criollos dieron una de las lecciones de valor, patriotismo y entereza más nobles y preclaras de la historia nacional y de la historia de cualquier país.

Con armas viejas, con municiones escasas, sin alimentos, sin gran preparación militar, sin retaguardia, esos hombres se enfrentaron a los armamentos más sofisticados de entonces, los militares más preparados, la logística más sofisticada, etcétera, ofreciendo un cuadro de valor digno de Leónidas en Las Termópilas.

 El capitán Máximo Cabral, entre otros, murió en combate cuando tenía 26 años de edad.

Eso es apenas un “chin” de lo que sucedió en aquella epopeya gloriosa en La Barranquita (Guayacanes, Mao) el 3 de junio de 1916, hace 94 años.

Es hora ya de reconocer postmortem el grado de General al héroe y mártir de La Barranquita Máximo Cabral.

El Nacional

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