Siempre he votado en Hato Mayor y para las elecciones del 16 de mayo ya prometí el sufragio a mi hermano Rubén Darío Cruz, senador de la provincia y candidato a la reelección.
Rubén Darío es el candidato del Partido de la Liberación Dominicana, organización con la que históricamente he tenido diferencias, a tal punto que en su Comité Político todavía hay miembros que me guardan rencor por las polémicas públicas que se registraban en la década de 1990 y en las que defendí al doctor Peña Gómez.
Aclaro, además, que mi sufragio a favor de Rubén Toyota no está relacionado al parentesco familiar. Lo apoyo porque ha realizado buena gestión. Y porque es de los pocos que entró rico a la política y posiblemente salga pobre. Tengo razones para la emisión de este juicio.
Cuando Rubén Toyota decidió ingresar al PLD ganaba millones de pesos a través de sus negocios de repuestos de vehículo, establecidos en Los Mina, Boca Chica, San Pedro e Higüey. Viajaba al exterior constantemente en búsqueda de las piezas originales que los clientes requerían.
Al ausentarse de la administración, los negocios no caminaron igual. Y como su partido estaba en la oposición, en el año 2001, los gastos políticos (de su demarcación geográfica) se cubrían con su chequera. Adicionalmente, su aporte económico siempre ha estado presente en todas las actividades sociales, culturales y deportivas de los tres municipios de la provincia. Trillaba el sendero de la bancarrota.
Al resultar electo senador, en el año 2006, se presentó el escenario de la recuperación económica, pero ¡qué va!, los múltiples pedimentos de la gente empezaron a ser mayores y el déficit se acumula durante años. Rubén Darío era rico y podría ser pobre. He decidido apoyarlo con mi voto, y hablo de medio voto, porque no sufragaré en lo municipal.

