La sucesión de hechos enseña a los pueblos. Las acciones políticas, la debilidad del sistema imperante y la conducta de los que desempeñan distintas funciones en los órganos de poder, son la fiel expresión de lo que es el orden social en la actualidad en nuestro país. Cada día que transcurre los politiqueros ejecutan actos que ponen de manifiesto que la actividad política aquí no es más que una muestra de lo que en conjunto es el retrato de una sociedad preñada de vicios y dominada por lacras sociales que hacen de la política una forma normal de vida. La delincuencia ha tomado el control de todo lo que significa accionar político y social y por tal razón es que ella sobresale en el movimiento obrero, sindical, gremial, clubístico, juvenil, feminista, patronal y dirigencial partidario.
Los hombres y mujeres con moral de cafres dominan hoy la generalidad de las organizaciones llamadas a ser la expresión de las aspiraciones más sentidas de lo mejor del pueblo y lo peor es que todo esto se extiende a los órganos civícos y a las instituciones que conforman el Estado, al frente de las cuales están, en su gran mayoría, hombres y mujeres que no representan nada limpio ni decente. Por tal razón es que las grandes mayorías nacionales se manifiestan asqueadas por estar dirigidas por politiqueros sin dignidad ni decoro que solamente están en la política para hacer dinero por medio del robo de los recursos del Estado, lo que se evidencia por la forma como ha sido saqueado el país en provecho de las cúpulas de los partidos que han administrado el presupuesto nacional durante más de 40 años. No hay que ser muy inteligente para comprobar que los mañosos de la politiquería, recurriendo a sus habilidades gansteriles, se aprovechan de sus cargos para hacer dinero en forma ilícita.
Si en nuestro país la democracia representativa funcionara como la pintan sus ideólogos el pueblo dominicano no fuera víctima de tantas cosas feas y sucias que se hacen desde el poder. Pero lo que en verdad se llama pueblo carece de representación y esto se comprueba porque la representatividad de los que aquí son los más está ausente en el Estado. De representatividad solamente pueden hablar los que se benefician en forma ilícita.
Lo ideal fuera que cada vez que los ciudadanos y ciudadanas son convocados a las urnas puedan reflexionar con relación a la conducta exhibida por los que se presentan como candidatos para ocupar cargos electivos. Por experiencia propia, los electores y electoras se han dado cuenta que hasta ahora no han escogido a los mejores y que la generalidad de los favorecidos con los votos no han hecho otra cosa que sacar beneficios personales.
En vista de la descomposición social que predomina, los que deciden ejercer el sufragio tienen que estar convencidos de que la actividad política se lleva aquí a la práctica con un sentido utilitarista, comercial y de puro corte delincuencial.
El día que nuestro país tenga un gobierno decente y honrado, lo mejor del pueblo se va a dar cuenta que ha sido estafado políticamente y engañado en el manejo de los dineros del erario.

