Una crónica con idénticas palabras publicada en los diarios nacionales el 26 de noviembre de 1960, desnuda hoy el vano intento de la dictadura por explicar la presencia de cuatro cuerpos destrozados. Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, habían sido asesinadas, y también el hombre que conducía el auto en que viajaban, Rufino de la Cruz.
Trujillo hizo un gran esfuerzo por hacer parecer cierto el contenido de la infame reseña. En La Palabra Encadenada, Joaquín Balaguer deja constancia del intento, y trata de lavar su propio nombre. Dice que fue el crimen más repugnante cometido durante la Era de Trujillo.
Balaguer, quien había sido juramentado como presidente de la República el 3 de agosto de 1960, siguió en el cargo, y no explica por qué siguió colaborando con la dictadura después del 25 de noviembre de 1960 y por qué no se separó del entorno del tirano cuando supo que se urdía la trama. Si no se puede hablar de culpa en términos legales, en términos políticos hay que hablar de responsabilidad, y, en términos éticos, es un elemento para el retrato de un ser despreciable.
Los balagueristas de nuevo y de viejo cuño prefieren no hablar de esto, porque, de culpa y de responsabilidad en la violencia contra las mujeres, ellos tienen considerable dosis.
La coerción de clase es ejercicio de violencia. La mujer que llora a su hijo muerto o mutilado, es víctima de violencia. Una mujer arbitrariamente detenida, también lo es
En noviembre del año 2003, en San Pedro de Macorís, en medio de una huelga en protesta contra el alto costo de la vida y contra la inequidad, cuatro mujeres, una de ellas embarazada, fueron heridas. La injusticia es violencia, y lo fueron también los perdigonazos que ellas recibieron. Fue durante el gobierno de Hipólito Mejía. ¿Llegó papá, o llegó un heredero de Balaguer?
En el año 2009, la jovencita María Magdalena Díaz Osorio, tras el real o supuesto secuestro del joven Eduardo Baldera Gómez, fue secuestrada por la Policía Nacional, que había asesinado a Cecilio Díaz, su padre, acusado del hecho. (El incidente relatado es tan poco mendaz como el accidente que fabricó Trujillo). El jefe de la Policía era Rafael Guillermo Guzmán Fermín, un protegido de Leonel Fernández. ¿Qué dicen de esto Danilo Medina y Margarita Cedeño?
Y, como si fuera poco, el machismo, alimentado por las deficiencias del sistema educativo y abonado por la exclusión, sigue cobrando víctimas. La tarea de contar cada noviembre las mujeres muertas a manos de amantes o examantes, además de ser triste, es indignante. El autoritarismo ha echado raíces.
La toma de conciencia conduce a mantener viva la memoria y a reafirmar el coraje Eso es muy necesario.

