La palabra mensajero pronunciada en portugués y procedente de Brasil, tiene intranquila a mucha gente, especialmente a los involucrados en los sobornos de Odebrecht, quienes esperan que lleguen a cantarles su pedigrí. Algunos años atrás, en un hotel de la playa Ipanema (Brasil), sucedió algo parecido cuando mi esposa y yo estuvimos muy cerca de ser pillados.
Participaba en un seminario médico auspiciado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El hotel estaba reservado, y los viáticos para alojamiento y comida fueron entregados antes de partir. Por precaución a la epidemia de sida, era recomendable que los viajeros siempre lle varan algo consigo… en mi caso, mi mujer.
Al segundo día del seminario, el doctor Mata, un medico costarricense, llegó con la noticia de que el hotel de enfrente tenía las mismas habitaciones, pero a mitad de precio. Sin pensarlo mucho, la mitad de los participantes decidimos mudarnos. Felices de tener algunos ahorros, nos fuimos esa noche a ver un show turístico en un night club llamado «Plataforma».
De regreso al hotel, quizás motivado por la abundancia de carne en las «garotas» del show, le dije a mi reina -vamos al restaurant de la playa a comernos una «feijoada» -No, mejor vamos acostarnos, ¡basta de tanta gula! Convencido que era una represalia por mi desborde de gozo durante el espectáculo, no tuve más remedio que seguirla, disconforme pero resignado.
Cada cual se acostó para su lado fingiendo estar dormido, de repente se escuchó que tocaban la puerta, los dos quedamos impávidos haciéndonos los sordos. Ambos inferimos que el otro iba a contestar.
De nuevo se oyó el ¡tum tum! , pero esta vez un poco más lejos.- ¡Ah! seguro era equivocado. Sin más perturbaciones, nos dormimos.
Al otro día, al levantarnos encontramos policías y cámaras de televisión en el lobby. Cuatro hombres armados de metralletas, amordazaron los empleados, cortaron las líneas telefónicas (todavía no había celulares), tocaron cada una de las 40 habitaciones, y aquellos que respondieron al llamado de -mensageiro- les robaron dinero y joyas. ¡Uf! El Dr. Mata, quien no abrió y nosotros fuimos los únicos que salimos salvos.
Moraleja: ¡Danilo, cuando venga el Mensageiro: riñe con tu esposa, hazte el sordo y no le abras!. Continuara…

