He leído con mucha curiosidad una noticia reciente sobre la formación de una asociación dominicana de ateos en la que se afirma hay unos 500 miembros que se reúnen de manera periódica para estudiar textos bíblicos, analizarlos y ver como poder criticar los distintos puntos de la Biblia y el Cristianismo. Pueden los señores de Ateodom saber, desde ahora, que como ateo que soy, les repudio.
Igual nunca me gustaron los afiches de ateos en la Gran Bretaña y los Estados Unidos que han sido noticia en el mundo. Ese propagandismo no sólo es innecesario, también es penoso y desagradable.
Sí, soy ateo, y lo soy a pesar de haber asistido y haberme graduado en un colegio católico, igual con estudios de grado y maestría en una universidad católica. Pero mi decisión nada tuvo que ver con caprichos, ni pretendiendo hacer alardes de revolucionario o contestatario contra las religiones. Mi muy personal decisión ha sido algo que me ha pesado mucho, e igual me ha dolido en el tiempo, y no porque crea que estoy equivocado en mi creencia (o falta de ella), sino que más que desprecio por los creyentes, tengo envidia.
Puedo contar con una mano, y me sobran dedos, a las personas que les he explicado el razonamiento que me llevó a ser ateo, y esto es así por dos razones: la primera es que para mí es algo muy personal de lo cual no pretendo estar haciendo alardes a todo el mundo, y la segunda es que no pretendo caer en estar predicando mis ideas por respeto a las ideas de los demás. Eso es algo que se lo dejo a los creyentes que se sienten obligados por su religión a hacerlo, pero a mí no hay quien me obligue, y personalmente es algo que detesto que me lo hagan a mí por lo que no voy a hacerlo yo a otros.
Si algún día me percato de que por mí, alguien ha cambiado su creencia religiosa o dejado de creer en un Dios, quizás sea uno de los días más tristes de mi vida.
Sólo me basta ver el rostro de los creyentes, cuando hablan de Dios, cuando hablan de los retiros, de las comunidades y de sus experiencias o testimonios como le dicen. Esa felicidad que les trae es algo invaluable y positivo para cualquier persona. Yo esa felicidad la obtengo por otro medio, pero ¿quién sería yo para atreverme a tratar de quitarles eso? ¿Qué ganaría yo con eso?
No veo mal que los ateos en este país por fin pierdan el miedo a mostrarse o incluso hasta unirse, puesto que hay muchas cosas que se pueden reclamar en este país para salvaguardar nuestros derechos y de nuestros hijos que cada quien elige como criarles. Reclamar la eliminación de las oraciones antes de que se dé clases, que se elimine la clase de religión católica de las escuelas, velar por un Estado ajeno a la religión.
Pero dedicarse a estar predicando contra las religiones? eso es contradictorio con lo que supuestamente es un ateo y, francamente, es un insulto a los verdaderos ateos. Predicando el ateismo usted deja de ser ateo, usted cree en algo y lo grita a los cuatro vientos, solo que usted no cree en lo que otros sí y listo. Respete primero si desea que empiecen a respetarle después.
