No hay duda de la fuerza de las tradiciones para orientar actitudes y comportamientos de los pueblos. Tanto, que constituyen parte de la fisonomía cultural de cada conglomerado social.
Algunos hechos hacen pensar que el dominicano es un pueblo dado a echar de lado sus prácticas culturales, en algunos casos para dar cabida a usos foráneos.
Hoy se conmemora el día de los Santos Inocentes, fiesta cristiana matizada de paganismo, y que ha sido, sobre todo, ocasión para que niños y adultos suelten su capacidad para hacer bromas con la divulgación de sucesos fingidos.
Inocente mariposa, suele expresarse al final del juego, para liberar del susto a la persona engañada con una noticia falsa y desagradable.
La celebración, de carácter universal, ha tenido su origen en la matanza de niños ordenada por el rey Herodes, quien gobernaba Israel al momento del nacimiento de Jesús.
Como gobernante autocrático, Herodes era intolerante y paranoico, y al conocer la noticia del nacimiento de un niño del que se había dicho sería rey de Israel, ordenó matar a todos los varones menores de dos años que hubiera en Belén.
Para desgracia del dictador, el niño Jesús no fue localizado por sus jenízaros, pues lo sacaron hacia Egipto.
No se tiene certeza de cuántos fueron las víctimas de la espada imperial, pero la tradición ha señalado que unos 30 niños menores de dos años murieron a manos de los soldados romanos.
La Iglesia Católica celebra cada 28 de diciembre la fiesta de los Santos Inocentes, para recordar la despiadada acción con ritos religiosos.
Los historiadores han señalado que la celebración en forma de bromas fue iniciada décadas después cuando un nieto de Herodes, llamado Herodes Agripa II, al cumplir los treinta años de edad decidió honrar la memoria de su infausto abuelo, celebrando el sangriento decreto que pretendía eliminar al futuro Rey de los Judíos.
Borracho de licor como de poder, el joven monarca reunió a sus cortesanos y dignatarios de otros países a quienes informó que serían asesinados, mientras bebía y bailaba. Pero era broma.
Los dominicanos, como el resto del mundo, han sido partícipes de esta celebración, aunque en los últimos tiempos el fervor ha mermado y la tradición decae, como ocurre también con la fiesta de San Andrés, el 30 de noviembre.
