Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Los enemigos de Hipólito Mejía dicen que él es medio loco; no obstante, los dominicanos no tienen esa percepción. Por el contrario, lo consideran un político pragmático, sagaz y trabajador. A más, que se afirma, que “eso no se vende por mitad”. Entonces, que el expresidente para “vacilarse al mundo”, le salga al país con una de las suyas lo que hace es reafirmar su simpático y atípico carácter.

Si alguien sabía de los aprestos tácticos que se estaban dando en el PRD para la proclamación de Miguel Vargas Maldonado ante su astronómico posicionamiento, ese es el “Guapo de Gurabo”, quien participó en reuniones preliminares, y estuvo conteste en lo innecesario de una convención para sólo elegir tres o cuatro cargos, habida cuenta que la manzana de la discordia era el presidente saliente Ramón Alburquerque. Pero, ahora exige que se le proclame a César Sánchez, Secretario de organización. 

No sé de quien fue la idea de renegar del otrora exitoso (PPH) para llamarlo Corriente Institucional, como si se pretendiera burlar la memoria histórica. El PPH es y seguirá siendo, “per sécula seculorum”, eso, el PPH; el mismo PPH al que sus beneficiarios embarcaron en la nefanda reelección, sin reparar en que hundían a quien pudo ser un presidente a imitar, y hoy es un dicótomo condicionado. ¡Vaya con lo institucional de la corriente!

Es fácil alegar que él lo quiso; pero las que lo compelen son las contradicciones con Hatuey, quien, como otros ortodoxos, nunca lo reconoció como un auténtico perredeista. Esas contradicciones se agudizan cuando Hipólito, ya candidato en el 2000, tuvo que  “complacer” a Hatuey, que se le impone en la Presidencia del partido y, alegadamente, pretendía imponer su candidatura presidencial en el 2004.

Sin ánimo de pecar de ingenuo, pienso que el expresidente no diligenciaba su reelección; es la intención de Hatuey de hacerse proclamar candidato que lo obliga a decretar su expulsión, y, luego, a transitar el sendero de la aventura reeleccionista, en vez de propiciar una convención que hiciera historia junto a él. Mientras, la aventura le ha salido harto cara al partido, al país y al propio Hipólito.

En el PRD, nadie está más cuerdo y lúcido que ese vernáculo dominicano; aunque, a veces, se haga el loco. Como en el Dominó, Hipólito “juega con las fichas de los demás”. En las últimas tácticas (conciliábulos y subrepciones) aplicadas con miras al relevo dirigencial, estuvo la astucia del gurabero; pero ahora “critica la falta de institucionalidad democrática”, porque le conviene. Sin embargo, Hipólito sabe muy bien que ni los locos corren más que la bola…

El Nacional

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