Opinión

MI VOZ ESCRITA

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La nueva frustración en que pudiera terminar el proceso comicial del próximo domingo, si, como se alega, el presidente Fernández ha decidido instaurar una dictadura constitucional con la permanencia del PLD en el Poder a como de lugar, dejará al desnudo que la harto cacareada institucionalidad del país en materia electoral, es aún una utopía, y que hay que pensar seriamente en lo que aconseja la dignidad en estos casos.

Como es obvio que hasta ahora exorcizar al fantasma del fraude ha sido imposible, me aterra pensar que la desesperación ante la desesperanza y la impotencia se imponga. La reacción derivada, sin premeditación alguna, podría ocasionar hechos tan graves como los ocurridos en México, a partir del primero de enero de 1994 con la aparición del subcomandante Marcos y el ejército zapatista.

La cadena de sucesos tuvo su origen, justo cuando Carlos Salinas de Gortari tenía todo listo para establecer, no una dictadura constitucional de partido que ya existía con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), y como pretendería Leonel, sino la entronización del salinato, su proyecto personal. ¿Acaso instalar algo similar es la real aspiración del presidente Fernández, sin reparar en el precio que todavía paga Salinas?

Guardando las apariencias, en tanto no es posible establecer un símil por razones étnicas e históricas, pienso que no es ocioso señalar que desde antes de la escaramuza de los émulos del agrarista Emiliano Zapata en 1993, el presidente Salinas venía beneficiando a Chiapas, precisamente con su programa Solidaridad, convencido de que con el reparto de las boronas de la corrupción mantendría el control de la zona. ¡Qué coincidencia!

El Nacional

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