Opinión

MI VOZ ESCRITA

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Descalificación y mentiras

La cultura de la descalificación del contrario, cuando no se tiene argumentos para sostener un debate, es una norma de conducta tan arraigada en el ser social dominicano que pareciera que es parte de su idiosincrasia. Cuando no se puede justificar la comisión de algún hecho delictuoso alegando que antes también se hacía, se  echa mano al sofisma o al eufemismo; dos herramientas infalibles frente a la ignorancia.

Esa podría ser la situación de algunos funcionarios, ante el aún escaso periodismo de investigación serio que han estado realizando las fraternas Nuria Piera y Alicia Ortega, entre otros muy pocos colegas de la comunicación, con las denuncias, que bien podrían ser querellas formales ante el Ministerio Público, si se tuviera la voluntad política de, cuando menos, enfrentar la corrupción.

Si se discute la transparencia, pienso que lo mejor es aclarar las cosas.

A contrapelo de uno de los alegados últimos deseos del máximo exponente de la cuentística dominicana,  Juan Bosch: No morir en la mentira; ésta, a veces descarnada y vulgar, ha sido el escudo con que los llamados a defender el nombre y la obra del insigne vegano, han utilizado a discreción, en aras de justificar sus  inconductas.

Las alegadas irregularidades descubiertas en la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), y que irían desde nepotismo hasta la supuesta distracción de fondos, cuestionan, de manera lamentable, la bien ganada fama del ingeniero Radhamés Segura; prócer del sistema eléctrico, como lo bautizó el hermano Alvarito Arvelo, afamado por su apego a la verdad histórica, y que, aquél, jamás tiraría por la borda.

Confío en que todo quede debidamente aclarado, pues no sería justo que, acaso por falta de comunicación o por un prurito ajeno a toda maldad, se tronche el proyecto presidencial del ingeniero Segura que, a ojos vista, luce como una excelente opción para el Partido de la Liberación Dominicana en las elecciones de 2012.

Sin lo de la candidatura, lo mismo se podría afirmar en el caso del ingeniero Víctor Díaz Rúa, quien habría hecho pagos con dispensa de la Contraloría de la República por la urgencia con que hubo de realizar varias obras, debido el paso de las tormentas de finales de 2007. La conclusión es obvia: Ausencia de comunicación o exceso de celo en el resguardo de datos aclaratorios.

El Nacional

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