Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

La degradación que transita la sociedad dominicana, hace tiempo que se siente en el ejercicio de la comunicación social; tanto de fondo como de forma. Principalmente a través de la radio y la televisión.

Los niveles que ha alcanzado son  asqueantes, y, por demás, preocupantes. Parece llegado el momento de aplicar correctivos que al menos detengan su insufrible carrera desbocada. Pienso que hay que hacer algo.

 En cuanto al fondo, el asunto es de tal gravedad que ronda el “crimen de lesa educación”. A los maestros se les irrespeta y desautoriza de manera alegre y cotidiana en programas de medios radiales con cobertura nacional e internacional, gracias a las ondas hertzianas de alta frecuencia y a la web, servicio “non plus ultra” de la revolucionaria Internet.

Sin embargo, lo más grave es que a los estudiantes se les sumerge día tras día en un mar de confusiones. Ya no saben a quién creer. Como si gozaran de patente de corso, ciertos comunicadores hasta afirman que las malas palabras no existen, si están en los diccionarios.

Cretinismos de ese tipo son aceptados por el ciudadano ordinario, y por los niños y adolescentes, cual si fueran  ciertos, por la autoridad que le suponen al decidor del disparate. ¡Qué manera de querer  lanzar por la borda la urbanidad y el buen decir que todavía podrían conservar de las aulas y el hogar nuestros hijos!

Hay que hacer algo, y  pronto. De lo contrario, las futuras generaciones tendrán como legado la inmundicia de las sentinas y todo lo que traen consigo la canallada infame y los despropósitos de tunantes  que  intentan  victimizar nuestro espíritu y nuestros sueños de redención social.

El Nacional

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