Apostemos a Miguel
Con la propiedad consustancial a su carácter, Miguel Vargas afirmó recientemente que sí se conversó que en este proceso de reforma constitucional se iba aprobar la Ley de Partidos Políticos, y que él espera su aprobación de manera conjunta con el proyecto de reforma constitucional antes del 15 de septiembre, pues la ley beneficiaría al sistema político en términos generales y de manara especial a la transparencia y a la gobernabilidad.
Como Miguel no es hombre de andar jugando a las escondidas con la verdad ni es de los que le sacan provecho al uso malicioso de las llamadas mentirillas blancas o piadosas, pienso que el Partido Revolucionario Dominicano debe recoger sus palabras y tomarlas de estandarte de lucha, a los fines de que alguna gente aprenda a honrar la palabra como nuestros ancestros un pelo del bigote.
Afirmar que la aprobación del proyecto, antes de la proclamación de la nueva constitución, conllevaría la inconstitucionalidad del mismo, por un asunto de semántica perversamente (mal) entendida, es un sofisma inaceptable, y un descaro. El presidente del PRD ha hablado muy claro. Miguel Vargas puntualizó que lo más conveniente es que la Ley de Partidos se apruebe de manera conjunta con el proyecto de reforma constitucional. Es decir, ni antes ni después.
Sorprende que el fraterno Neney Cabrera, hombre de luces de xenón, afirme que el PRD honrará el compromiso contraído por el ingeniero Vargas sin que importe, si se aprueba o no la Ley de Partidos. No, querido hermano. Existe un acuerdo verbal en ese sentido; y ese acuerdo equivale a un contrato sinalagmático, en tanto compromete en igual medida las voluntades de las partes. Ahora bien, el éxito de un acuerdo verbal depende del cumplimiento de la palabra empeñada. Apostemos a Miguel, y con él llevemos al otro a la honorabilidad.
Si el interés de no aprobarla es porque evitaría el uso indiscriminado de los recursos del Estado, la regulación de la publicidad y el tiempo de campaña, entre otras conquistas, para el buen curso de las elecciones de 2010, y las posteriores; ¿Por qué resignarse a imposiciones? Miguel está correcto. La Ley de Partidos Políticos debe ser aprobada de manera conjunta con el proyecto de reforma constitucional. Y exigirlo en las calles, si es preciso.

