Hazte arroz, Guido
El país político debe recordar que para las elecciones congresales de 1998 el nombre del doctor Guido Gómez Mazara fue mencionado como posible candidato a senador por el Distrito en la boleta del Partido Revolucionario Dominicano en reconocimiento a sus condiciones políticas y al aprecio que le tenía el doctor Peña Gómez.
Ante los comentarios, su madre, la fraterna Carmen, manifestó que ella no había criado a su hijo para ser senador. Sorprendido ante la cuasi insolencia, comenté en la sala de prensa de la Cámara de Diputados que yo quería saber la dieta, pues yo tenía cinco hijos, y me hubiera sentido bien con que uno llegara a regidor. Su reacción fue energúmena, según supe.
Confieso que la expresión me impactó, pues aún no entiendo que se pueda criar un hijo para que sea presidente. Luego concluí que estaba frente a un caso no sólo de sobreprotección sino de sobreestimación que, más temprano que tarde, le haría mucho daño a la carrera política de Guido, y a él mismo; y el tiempo me ha dado la razón, lamentablemente.
Pienso que Carmen aún no ha superado lo traumático que fue para ella y para el país la muerte del Moreno y de otros entrañables compañeros de lucha, y que acaso las reminiscencias de alguna frustración posterior la llevan sin querer a pretender transferir esos sentimientos a quien ella considera depositario de una responsabilidad no contraída.
Guido Gómez Mazara, a quien considero un político brillante de su generación, cuando se refiere a él, sin reparar en el contenido y la dimensión de sus palabras proclama con vano orgullo que su accionar obedece a que es hijo de Carmen y el Moreno, lo que necesariamente implica que si él está equivocado también lo estaba su padre y lo está su mamá. Un exceso, pues hasta ahí no llega la genética.
Si Guido entendiera que más que futuro, él tiene un presente verdadero aunque mediato, como propone el Eclesiastés, esperaría su tiempo. Y nada mejor que cultivar, mientras germina lo sembrado, y llega la cosecha. No más insultos, insinuaciones y acusaciones temerarias contra Miguel Vargas. Hoy el ungido del pueblo, y quien podría ser mañana el sostén de tu liderazgo en crecimiento. Abreva en la fuente sabia del pragmatismo popular, Guido. ¡Hazte arroz para que te echen manteca, muchacho!

