Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Una experiencia desagradable

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En mi primer artículo de este año, luego de vacacionar en la ciudad de los rascacielos junto a mi casi nonagenaria madre y a mis dos hijos más pequeños, he decidido contarles una experiencia que, aunque desagradable, no me sorprendió. Como dice Terencio, y refrendó la existencia del fraterno Orlando Martínez Howley, “nada humano me es ajeno”.

Sobre todo, cuando ciertos faunos de nuestro folclore, aún no  logran confundir ni al que sólo tiene un “cc” de sustancia gris, a pesar de sus poses adonistas; adornadas con toda suerte de irónicas y sarcásticas expresiones, petulantes por demás, en un permanente rumeo de frustraciones en el orden político y acaso también en el intelectual, que no hay forma de justificar.

El caso es que un día antes de partir hacia Nueva York, recibí del entrañable primo Miguel Ángel Herrera Morla un ejemplar de su más reciente producción, titulada “Sólo me faltó la firma”; ésta vez incursionando en el género narrativo, específicamente en el cuento histórico, en tanto trata situaciones que sucedieron y en las cuales los personajes y sitios citados testimonian la realidad.

Confieso que me entusiasmé tanto con los primeros relatos, por cuanto conocí a algunos de sus personajes, que no me animé a leer el prólogo, a sabiendas de que su autor, José Israel Cuello, no tiene calidad para enjuiciar el esfuerzo creativo de un principiante en la cuentística, por cuanto, que se sepa, no ha escrito nunca, nada que pueda sentar criterios válidos sobre el arte que implica la narrativa literaria.

El Nacional

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