Constitución y Amet
Negar la oportunidad de sobrevivir a un ente productivo para garantizar vida, no viabilidad, a algo incierto y posibilitar la instauración del despotismo del inglés Thomas Hobbes (1588-1679) que devino ilustrado como forma de gobierno en el siglo XVIII, y cuya consigna fue todo para el pueblo, pero sin el pueblo; bajo ningún concepto pueden constituir logros en una Constitución que se pretenda moderna y modelo en esta centuria.
Retrotraer criterios cuasi cavernarios a gravitar en un determinado marco jurídico, es una regresión perversa y aberrante que retranca el avance científico necesario para el desarrollo psicosocial y político del conglomerado. Frente a las presiones, el nuestro, dejó en evidencia que su liderazgo prefiere seguir prosternado ante el poder fáctico de la iglesia Católica y la maquinaria represiva del Estado, aun a sabiendas del lastre nefando que acarrea su irracionalidad conductual.
Los compromisarios, responsables por comisión u omisión, de la afrenta que constituye el abominable desaguisado constitucional, más temprano que tarde, recibirán en el cuerpo gordo de sus ambiciones desmedidas, el látigo justiciero de la historia. ¡Póngale el cuño!
2. A decir verdad, cuando supe de la creación de la Autoridad Metropolitana de Transporte AMET, celebré la buena nueva con el entusiasmo del que encuentra la panacea a un problema insufrible.
Luego me enteré de que la idea y la ejecutoria eran del fraterno Hamlet Hermann, y el júbilo se tornó en reconocimiento a la vocación disciplinaria del ingeniero urbanista. Más adelante, auxiliado por la curiosidad del observador, todavía me pregunto por qué entre los miembros de AMET predominan, desde su fundación, los llamados cruzados, cuyos ojos, de color indefinido, la gente tilda de galanos. Sin embargo, ése no es el tema.
El asunto es que, como siempre, di por descontado que una condición sine qua non para pertenecer a la AMET, tendría que ser el conocimiento de ubicación y nombre de las principales avenidas y calles de las ciudades del país, aún no entiendo que un ametcito al que le pregunté si la calle Restauración de la Zona Colonial, bajaba o subía, me contestara: Señor, ¿y cuál es la calle Restauración?…

