El apotegma ancestral el ladrón juzga por su condición, cualquiera pensaría que se le ocurrió a alguien solo para sugerir al verdadero birlador, por cuanto este fauno siempre pretende ver en los demás su reflejo. Pero, no es así. La expresión envuelve toda situación que sea comparable. Lo mismo da que el sujeto sea un mentiroso, un cobarde, un lambiscón o un tunante con ínfulas de gurú de la estrategia política.
Pienso que es el caso del inefable Francisco Javier García, coordinador de la campaña de Danilo. Acosado por el miedo a que le pidan cuentas de sus alegados negocios inmobiliarios en Turismo y de su accidentado paso por la Lotería, se ha hecho reo de espanto; y todo el temor que alberga en su fuero pretende endosárselo a Hipólito de una manera tan vehemente y reiterativa que ya contagió a Danilo.
Hay que carecer de raciocinio para tildar los justos reclamos de Hipólito ante la JCE de temerarios o necios. El candidato perredeísta solo ha aplicado lo que aconseja la sabiduría popular: Para uno que madruga, otro que no duerme. Si algo tiene que agradecerle este país a Balaguer es que demostró con creces que las elecciones se ganan o se pierden en las instancias electorales.
Con la confesión de Juan Esteban Olivero Féliz, el relevo de prueba es axiomático. Sin embargo, para que no haya duda, el propio dictador ilustrado se encargó de legarle a la posteridad su histórica frase: están como Jeremías en el muro de las lamentaciones, llorando como mujeres lo que no supieron defender como hombres. Si el bluff de la estrategia danilista cree que en el equipo de Hipólito hay algún Jeremías, se equivocó largo a largo.
En cuanto a la intervención de los prelados López Rodríguez y Núñez Collado en el tollo de la Junta, pienso que puede ser útil, siempre que parta de los antecedentes; es inaceptable que se obvien referentes que ya son parte de la verdad histórica.

