Terminé el escrito anterior con una ironía de Joaquín Balaguer; sin temor a equívoco, el más pragmático de los políticos dominicanos del siglo pasado. El motivo de la sorna, fue una propuesta que le hizo Bosch, a mediados de los 50, cuando él era secretario de Educación y asistió junto a Héctor Incháustegui y Rodríguez Demorizi, a la Conferencia Panamericana sobre política educativa en La Habana.
Cuando Bosch le propone a Balaguer cederle el liderazgo en el exilio, asegurando que la tiranía trujillista estaba a punto de colapsar, es lógico pensar que ese recurso retórico fuera para tratar de convencerlo. Trujillo celebraba sus bodas de plata con el Poder, y Bosch no podía imaginar siquiera que el triunfo de la revolución castrista, generaría los sucesos que gravitaron tanto en el final de la Era.
La expedición de la Raza Inmortal, el 14 de junio del mismo año, y el atentado contra Rómulo Betancourt en Caracas el 24 de junio como el asesinato de las hermanas Mirabal el 25 de noviembre, ambos perpetrados en 1960, tampoco podían ser advertidos por Bosch, en tanto tildó la acometida de comunista, mientras Juan Isidro Jimenes Grullón, anejo a otros valerosos opositores a la satrapía, la apoyaron decidida y militantemente.
Ya en el país Miolán, Silfa y Castillo para organizar al partido blanco el 5 de julio de 1961, las contradicciones con Bosch se agudizan a tal punto que las elecciones del 20 de diciembre de 1962 el PRD las gana, a pesar de dos desprendimientos: Partido Progresista Demócrata Cristiano y Partido Revolucionario Dominicano Auténtico, porque la ortodoxia se impuso a la insensatez.
Para definir la naturaleza del PRD, Balaguer dijo: Los perredeístas son como los cuervos, se separan cuando amanece, y en la noche duermen en el mismo palo. De modo que, comparado con aquello, lo de ahora es paja pa la garza.
La militancia del partido tiene que tener muy en cuenta que el que gana, es el que goza

