Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Cuidado con las vigencias

El paso avasallante de la dinámica dialéctica amenaza la vigencia de algunos políticos de la actual generación. Aun la de pretendidos émulos de Nicolás Maquiavelo y José Fouché que, en la práctica, son hijos legítimos de sir William James (1842-1910), cuyo legado filosófico se fundamenta en el siempre utilitario pragmatismo.

Uno de los requisitos “sine qua non” del pragmatista, es conocer el arte de “saber nadar y guardar la ropa”, a los fines de sacar el mayor provecho a una supuesta política de enfrentamiento con el Poder que en el fondo tiene el propósito de caer rendida, tan pronto se impone la voluntad del que proporciona los beneficios.

Parece que esa es una de las especialidades del señor Danilo Medina. Y eso implica su condena a ser una de las primeras figuras en caer en la sentina nauseabunda del descrédito socio-político, pues nada dura para siempre.

Sin embargo, hasta la imposición, el morbo de los peones de su ajedrez mediático le quiso dar al caso Gilberto Serrulle un matiz de pulseo con el presidente Fernández que jamás hubo, por cuanto la conspiración del Comité Político del PLD contra el dirigente santiaguero que terminó con una expulsión extemporánea, contó con el concurso de Danilo.

Otra vez reivindicó su actualidad la máxima: “El amor y el interés…” que recrea la diferencia abismal entre los valores morales y los intereses materiales. Los negocios que alegadamente tiene el ex secretario de la presidencia en el mercado de los combustibles con pingües utilidades a espaldas del fisco, habrían condicionado su deber frente a Serrulle, por cuanto se le creía uno de los suyos. 

Se sabe que lo persiguió a través de su hermano Julián, conminando a éste, en su condición de hermano mayor, a hacerlo desistir de su decisión, y que en medio de la rueda de prensa donde se anunciaba su candidatura a alcalde de Santiago por el PRD, lo requería con insistencia a través del móvil para cumplir su rol de catcher titular. ¡Cuánto descaro en nombre de la desvergüenza!

Finalmente, quiero dejar sentado que, aunque fue calificada de deshonrosa, la pretendida expulsión, no puede ser ni una cosa ni la otra, habida cuenta que nadie puede ser sacado de donde no está. Lo cierto es que, a pesar de cualquier patraña, Gilberto Serrulle recogió su dignidad pisoteada, y se marchó con la frente en alto por la puerta inmensa del decoro.

El Nacional

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