Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

La reticencia de la corriente hipolitista para firmar el “pacto por la unidad y respeto mutuo”, se corresponde “pin pun” con la advertencia que hice en mi artículo del 28 de enero pasado. Es una temeridad y un irrespeto de imprevisibles y lamentables consecuencias, celebrar la convención para elegir el candidato del PRD para el 2012, el día del natalicio del doctor José Francisco Peña Gómez.

A Hipólito y a su claque, no les interesa un acuerdo de esa naturaleza; aunque la necesidad de guardar las apariencias los haya colocado en posición de firmarlo. Ellos tienen en marcha hace mucho tiempo su contra estrategia conspirativa. Ésta ha sido la de denunciar como “plan de acción” del equipo de Miguel Vargas, lo que ellos se proponen ejecutar a sangre y fuego. Sólo hay que revisar su discurso chantajista y temerario, en los medios audiovisuales, y las acusaciones aéreas en los medios escritos.

Unos y otras, son asquerosos desechos destinados a la sentina de sus conciencias.

               La desesperación, nunca ha sido buena consejera. Mucho menos, si se está al borde del fracaso definitivo. Pero si, además, el desesperado es un cretino y sus pajes son tarados, el asunto se complica, y las consecuencias son devastadoras. Se me ocurre que Hipólito y sus lacayos,  soslayaron la sagacidad de los integrantes de la comisión organizadora; sobre todo, la bendita psicorrigidez de ese apóstol del arbitraje que es el doctor Esquea.

 Hipólito ha usado como escaramuza la no firma del convenio, a los fines de que se permita el voto de los peledeístas y reformistas inscritos de manera fraudulenta en el padrón, quienes fueron detectados por el “staff” político de Miguel Vargas. Entones lo más conveniente es posponer la convención, como atinadamente propone el presidente de la comisión organizadora.

En caso contrario; sin ánimo pesimista, ni pretender, ¡Dios me libre!, ser oráculo de Delfos o portador del don de profetizar que el dios Apolo le concedió a Casandra, me atrevo a asegurar que, en aras de la supervivencia del PRD, lo aconsejable es reprogramar las primarias. ¡Que así sea!

El Nacional

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