Opinión

Mi voz escrita

<STRONG>Mi voz escrita<BR></STRONG>

Para corregir y reivindicar
La sabiduría común, a través de refranes, hace “comprensibles” insondables misterios de la vida, en tanto principio, y de la muerte, supuesto final de la existencia.

Así, el adagio: “La piedra que´tá pa´un perro, dobla la esquina y le da”, de un refranero publicado hace unos años con el auspicio del Banco de Reservas, de manera didáctica, acepta y propone lo inevitable de lo predestinado; de lo que tiene que suceder, tarde o temprano.

Supongo que es una suerte de defensa colectiva que Dios les proporcionó a los que llegaron tarde al reparto de la inteligencia y la intuición, y a quienes, con pretendidas ínfulas de erudición, se resisten a abrevar en la inconmensurable fuente de conocimientos que proporciona la investigación.

De mis tiempos de estudiante en el colegio Don Bosco, de la congregación salesiana, nunca olvido la sentencia que escuché de labios del R.P. Jesús Amorrortu, luego de la pedagógica instrucción que nos brindara sobre corrección y propiedad de la “Gramática Castellana” de Amado Alonso y Pedro Henríquez Ureña.

Decía  el Padre Amorrortu: “El que habla y escribe con propiedad y corrección, ama y respeta la comunicación”. Hasta hoy, no he leído ni escuchado un juicio tan acertado sobre lo imprescindible que resulta para el buen entendimiento hablar y escribir con propiedad y corrección.

Traigo esto a colación, porque  no es justo que los medios de comunicación masiva sirvan, cuando no mentiras, sí confusión, a los públicos que leen o escuchan con interés humanístico, lo que se dice o escribe sobre hechos y personajes que trascienden en la conciencia cultural de los pueblos.

Los políticos Maquiavelo, paradigma de la astucia política, y  Bakunin, precursor del sistema político anarquista, cada uno en su tiempo; último cuarto del siglo III al primero de la cuarta centuria, el italiano; y el ruso del siglo XVII de nuestra era, son dos  pensadores muy destacados.

Sus aportes al manejo del Estado difieren sustancialmente. Mientras Maquiavelo  enseña cómo obtener y preservar el Poder, sin importar medios ni recursos, Bakunin aboga por la ausencia coercitiva del Estado, y en cambio sugiere la formación de federaciones constituidas por asociaciones agrícolas e industriales, a los fines de lograr un orden deseable, precisamente, para evitar el caos.

Sin embargo, la posteridad los estigmatiza por ignorancia o por malintencionadas interpretaciones. 

Erróneamente, mucha gente sostiene, porque le fue enseñado, que Maquiavelo  es  sinónimo  de  diablo y  anarquía lo es de caos. Por asociación, maquiavélico  y  anarquista  serían  diabólico y caótico. Algo semejante sucede con el vocablo flamante, al que se da connotación de altanero, engreído, arrogante…, cuando su acepción más socorrida es: nuevo o reciente.

En  la I Internacional, Bakunin, creador de la tesis colectivista, tiene contradicciones con el fundador del socialismo científico, y es expulsado, sin aparente razón. En el fondo, sus puntos de vista sobre el capitalismo y la propiedad de los medios de producción, coinciden. Acaso… ¿celos?

El Nacional

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