El temor a la Iglesia
Los debates provocados por el mandato: el derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte, agregado al numeral primero del artículo 8, de la sección I, del Título II, de la actual Constitución, sobre los Derechos Individuales y Sociales del ciudadano dominicano, y que en el proyecto de reforma es el artículo 30, con la aún pretendida imposición, desnuda el temor del PLD al poder fáctico de la Iglesia Católica.
En la comisión designada por el Presidente Fernández para elaborar el anteproyecto de reforma a la Carta Magna, no se disimuló la preeminencia del sector eclesiástico, ni la intención. Por eso, Monseñor Agripino Núñez y su claque de la Pucamaima, en tanto súbditos trepadores exitosos, entregaron un borrador confidencial al mandatario, según reveló el conspicuo Milton Ray Guevara.
La astuta entrega, lejos de cumplir una regla protocolar, como se alegó, en el fondo perseguía rehuir la responsabilidad que implicaba la defensa del articulado de marras, como sucedió. En efecto, el gigainteligente Fernández mordió el anzuelo y quedó enredado en las patas de los caballos, y el mundo sabe ahora que el presidente dominicano prefirió complacer a la Iglesia y contrariar la política de Estado del Imperio en torno al tema.
Me cuento entre los que estiman que el Presidente no tenía necesidad de asumir tal compromiso, pues pudo exhortar a los promotores de la política pro-vida a que luego de él introducir el proyecto, sugirieran a la Asamblea Revisora agregar al artículo 30 la absurda y polémica enmienda.
La Política de la Ciudad de México nació en una conferencia de las Naciones Unidas, celebrada en la capital azteca en 1984; no por casualidad, sino porque es la ciudad de mayor índice demográfico en América Latina (23.5 millones) y la segunda del mundo, sólo menor que Tokio-Yokohama, Japón (33.2 millones); y se aplicó en EEUU en el gobierno del republicano Ronald Reagan en ese mismo año.
El stablishment estadounidense, ante el fracaso del corrompido programa preventivo de planificación familiar, decidió dosificar la seguridad de un efectivo control de la natalidad, otorgando fondos federales a instituciones internacionales, no gubernamentales, para la práctica del aborto y la difusión de información sobre la necesidad de controlar el crecimiento demográfico. De ahí, prohibir o liberar los recursos, según el partido gobernante.
Actuando en esa misma dirección, se espera que en el próximo presupuesto Obama proporcione al Fondo de Población de las Naciones Unidas el dinero que mediante resolución o decreto (¿?) Bush le negó, debido a un supuesto apoyo al aborto coercitivo y a la esterilización involuntaria en China; especie que la organización apéndice de la ONU ha negado firme y reiteradamente.
Es obvio que la conducta conservadora del presidente Fernández frente a la política abortista de Obama y a sus temerarios coqueteos con la llamada nueva izquierda que comandan Fidel y Chávez, no agradan al Imperio capitalista, llamado salvaje por el anterior Jefe del Estado Vaticano. ¿Acaso es cierto que a Leonel le tienen el agua puesta y por eso se agarra hasta de un clavo caliente?

