(y II)
Hace años escribí un artículo defendiendo a una brillante joven profesional con quien tuve la alegría de laborar en Cancillería. Se trata de Michelle Cohen, hoy embajadora en Canadá, para honra del nuevo gobierno y su confianza en gente joven, aunque a veces ciertos anillos de jóvenes nos defraudan con un temprano ejercicio de soberbia y mala fe que rememora peores tiempos.
En ese artículo respondía una campaña de difamación que se le armó a raíz de su cancelación como directora de Pro Competencia, puesto ambicionado por megadivas sin competencia, cuyo pedigree profesional es mejor no analizar para no experimentar un agudo caso de vergüenza ajena.
Explicaba entonces que a Michelle la cancelaron por tomarse su trabajo en serio, ya que al no recibir fondos del gobierno para las investigaciones que tenía que realizar apeló al BID y realizó tres. Uno que evidenciaba las acciones monopólicas; sobre la industria farmacéutica, de la cual somos víctimas a diario porque aumentan el costo de la medicina sin control ni sanción; y sobre las aseguradoras, el gran negocio del siglo, cuyas generales son de todos conocidas.
La reacción de los sectores evidenciados fue inmediata. Se apersonaron donde Danilo Medina exigiendo sancionar a Michelle, lo cual hizo de modo expedito cancelándola, y acusándola de haber “traicionado su confianza”, es decir de no haberse limitado a ser una bella figura, con los siete idiomas que habla y su currículo profesional.
La flamante directora de Pro Competencia no tardó en renegar de su recién inaugurado evangelismo, financiándole a su novio un logo que ya en ese entonces fue un escándalo por ser un plagio de existente. Ahí debieron cancelarla, y nos hubieran evitado la vergüenza internacional de que ese mismo novio plagiara a un artista ruso con una supuesta “marca país” que nos costó 34 millones de pesos y nos ha puesto en ridículo a nivel mundial.
Ahora, esa misma comunicadora, a quien Nuria denunció con pelos y señales, vuelve a la carga contra Michelle y su nombramiento, en un periódico de sus “amigos” que debería investigar antes de prestarse a perjudicar la carrera de una joven mujer que además de brillante se toma muy en serio su labor como servidora pública.
Esa brutal competencia entre mujeres jóvenes nos apena, porque demuestra las obsesiones del odio y su cancerígeno efecto en el alma de la gente; y nos avergüenza porque esa comunicadora que hoy dirige Pro Competencia pertenece a una familia honorable que enloda cada vez que se deja arropar por sus obsesiones, retratándose de cuerpo entero.
No pasarán.
Por: Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

