Conservamos referentes morales que nos convencen de que no todo está perdido en nuestro país. Milagros Ortiz Bosch representa esa esperanza. Y nos confirma una vez más que la herencia está en la sangre, no en simples legados políticos. Menos aún en papeles y palabras que se lleva el viento. Juan Bosch tiene, a decir verdad, en su sobrina a una verdadera seguidora de los ejemplos de seriedad y honradez mostrada durante toda su vida.
La Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional ha certificado, con relación a una denuncia de la ex secretaria Alejandrina Germán, la plena inocencia de Milagros Ortiz Bosch de los hechos imputados.
No se pudo determinar que los hechos denunciados pudieran tener substancialidad, ya que no se comprobó que los mismos ocurrieran; por lo que esta fiscalía Certifica que en la actualidad no existe ninguna investigación abierta contra Milagros Ortiz Bosch y que la investigación sobre la Denuncia ya mencionada produjo un Archivo Definitivo, concluye el certificado expedido por el fiscal del Distrito Nacional, Alejandro Moscoso.
Son abrumadoras las evidencias que delatan en actuales y ex funcionarios públicos un acelerado e inexplicable enriquecimiento a costa del erario. Por tanto, hay que destacar este hecho. Más ahora, que la impunidad y el descaro en el manejo de la administración pública han desbordado los límites.
La ex secretaria Ortiz Bosch solicitó ser investigada, acudiendo cada seis meses al despacho del Fiscal hasta tanto fuera esclarecida la denuncia formulada de manera irresponsable por Alejandrina Germán.
La honestidad y capacidad de Milagros Ortiz Bosch ha estado fuera de discusión. Su hoja de servicio así como su comportamiento público y privado nos lo confirman. La verdad, como la seriedad, es tozuda.
Vive en la misma casa hace décadas, manteniendo el mismo estatus económico. Ha sido legisladora y secretaria de Estado por más de una década. Persona pública, empresaria, educadora, abogada. Ciudadana y dirigente política ejemplar. Paradigma de valores a seguir y destacar. Es lo que esperamos de todo dominicano que ocupe una posición pública. Pero no ha ocurrido así. Penosamente, otra ha sido la regla.
