Estas líneas están dedicadas al ministro Antonio Isa Conde que nos acusa de “fundamentalistas” y fomentar “una cultura anti-minera”, en estos términos:
“Las dificultades para la inversión en el sector minero se han generado a consecuencia de una cultura anti-minera, alimentada por algunos sectores políticos y por fundamentalistas ambientales y que tiene su origen en un pasado traumático, que le ha hecho mucho daño al país y a los inversionistas de buena fe y eso debemos superarlo, aunque hay quienes no se resignan a romper con el pasado”.
Ahora, desde el Poder Constituido, se llama “cultura anti-minera” a las propuestas alternativas en defensa de bosques, fuentes agua y biodiversidad enfrentadas a transnacionales mineras que imponen -e impondrán- un pasado, un presente y un futuro “traumático”, mientras contemos con gobernadores de colonia que fungen de presidentes de la república.
Para ese oficialismo pro inversionistas “de buena fe”, que nunca ha sido ni será atributo de esas transnacionales y este gobierno, resulta que quienes hemos combatido a Alcoa, Falconbridge, Rosario Resource, Gold Quest, Uni-Gold, Everton (recordar a Orlando y Aniana, tener presente a Luis Carvajal y Comisiones Ambientales-UASD y Academia de Ciencias y a los movimientos de defensa de Blanco, Loma Miranda y Valle de San Juan), somos “fundamentalistas” que aprovechamos un “pasado traumático” para alimentar una “cultura anti-minera” que “daña al país” y ahuyenta capitales bondadosos.
Monumental tergiversación del pasado y el presente a continuación de recientes alabanzas de Danilo a las mineras establecidas, todas carentes de respeto a nuestra soberanía, medio ambiente y a la vida del pueblo; responsables, además, del pasado traumático a que hace referencia el ministro minero, silenciando el presente y amenazas futuras.
El fundamentalismo dominante es lo que ha acontecido en Cotuí y Bonao, las amenazas que perduran contra Loma Miranda después que el Presidente del referido ministro (porque mío no es) vetara su declaratoria de parque nacional, alegando el Convenio Suizo que anula nuestra soberanía nacional en favor de las transnacionales; y mostrarse permisivo con exploraciones de Gold Quest, Uni-Gold, Everton y otras corporaciones en puntos claves en materia de agua y vida.
De este poder mafioso y sus tutores extranjeros no deben esperarse regulaciones que superen ni ese pasado ni éste presente. Lo poco comparativamente bueno que pueda tener el nuevo proyecto de ley minera, será debidamente podado en el Congreso. Ya Bernardo Vega, que tiene buenas conexiones en Washington, develó que la ley del ministro no iba, que iba otra.

