Coordinación de Miradas
Lillian Fondeur Q.
Asociación Dominicana de Periodistas con Perspectivas de Género
El abordaje de las experiencias de violencia en mujeres viviendo con VIH constituye una tarea impostergable y un imperativo ético.
En la República Dominicana, según la ENDESA 2007, la prevalencia de VIH entre mujeres y hombres de 15-49 años es 0.8%, sin diferencias en la distribución por sexo. La prevalencia consiste en la proporción de la población afectada por el VIH o que podrían estarlo. Pero en el caso de las mujeres sin educación o con nivel preescolar, esta proporción, que es de 3.7%, casi triplica la tasa de 1.6% de los hombres con el mismo perfil grupal.
La evidencia disponible a nivel mundial, aunque parcial, muestra las distintas formas de violencia contra las mujeres (VCM) en población general. Sin embargo, enfrentamos importantes vacíos de información sobre las especificidades del problema en los distintos grupos, entre ellos, las mujeres VIH positivas.
Diversos estudios muestran que
La violencia aumenta el riesgo de las mujeres de adquirir el VIH porque limita su capacidad de negociar sexo protegido y porque los hombres que agreden a las mujeres tienen mayor probabilidad de adquirir una infección de transmisión sexual (ITS), incluyendo el VIH, por ser propensos a tener relaciones sexuales de riesgo.
De igual forma, la violencia en mujeres durante la niñez aumenta la posibilidad de vivir situaciones y presentar conductas riesgosas en la adolescencia y la adultez. También puede influir en nuestra percepción de riesgo frente al VIH así como en la posibilidad de utilizar los servicios disponibles para atender los casos de VIH/ITS, tales como consejería, pruebas e información. Asimismo, la violencia, además de causa, puede ser consecuencia, porque puede ser generada por el mismo hecho de vivir con el VIH.
Estigma, discriminación y violencia
Muchas de las formas de violencia contra las mujeres VIH positivas han sido catalogadas como estigma y discriminación. Marijo Vásquez y Fiona Hale (2011), en un esfuerzo por categorizar lo innombrado, han descrito distintas formas de violencia contra las mujeres VIH positivas: Perseguir, desahuciar, impedir que las mujeres vean a sus hijos, maltrato por parte de proveedores de servicios, violencia, abuso y extorsión policial, pérdida de medios de vida.
Todos estos tipos de violencia, evitables e innecesarios, resultan en daños directos y palpables para las mujeres VIH positivas. Pero la violencia contra las mujeres viviendo con VIH también adopta una forma más indirecta. Se observa en los casos del uso del lenguaje discriminatorio, en la legislación y políticas que se desarrollan sin tener en cuenta la perspectiva de género y en el estado serológico (resultados de análisis sanguíneos) respecto al VIH.
También es frecuente en los ensayos clínicos que no respetan adecuadamente la autonomía, la humanidad y los derechos de las mujeres; en el predominio de una visión científica occidental de lo que es evidencia; en el fracaso institucional en cuanto a la comprensión de las realidades de las experiencias de las mujeres VIH positivas; y en la creación de entornos solidarios que igualmente son agresivos, al crear un clima estructural y cultural en el que se acepta la violencia contra las mujeres que viven con VIH, hasta el punto de que ni siquiera es reconocida como tal.
Por su parte, Niza Picasso plantea que es necesario analizar la violencia contra las mujeres VIH positivas a lo largo del ciclo vital y explorar cómo se articulan entre sí las múltiples experiencias que ocurren antes y después del diagnóstico positivo de VIH.
Un estudio hecho en Chile, entre mujeres que viven con VIH, encontró que el 77 por ciento de ellas había sufrido violencia en el transcurso de sus vidas a manos de su pareja, padre; y en menor medida por desconocidos o no familiar.
Algunas investigaciones muestran que la probabilidad de reportar violencia por la pareja puede ser más elevada entre mujeres VIH positivas que en las que no viven con el virus. En Tanzania, por ejemplo, las mujeres jóvenes VIH positivas tienen hasta 10 veces más probabilidades de sufrir violencia por parte de su pareja que las jóvenes VIH negativas (Maman et al., 2002).
En República Dominicana, el estudio sobre Estigma y Discriminación en Personas que Viven con el VIH (Cáceres F., 2009) revela que alrededor de dos de cada cinco mujeres viviendo con el VIH reportó haber experimentado maltrato físico y el 22% vejaciones sexuales.
Necesitamos visibilizar la violencia contra las mujeres que viven con el VIH si queremos avanzar en respuestas integrales y efectivas que aborden los determinantes sociales comunes y específicos tanto del VIH como la VCM.
Esta necesidad la expone Niza Picasso: Darme cuenta de la vinculación entre mi diagnóstico como positiva y las experiencias de violencia en mi vida, y entender cómo éstas me habían afectado, fue doloroso y al mismo tiempo liberador.
Perspectiva
Tipos de la violencia innombrada, que sufren las mujeres con VIH positivo: perseguir, desahuciar, impedir vean a sus hijos, maltrato por parte de proveedores de servicios, violencia, abuso y extorsión policial, pérdida de medios de vida

