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Miradas

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Coordinadora de Miradas
Por Lillian Fondeur Q.
Asociación Dominicana de Periodistas con Perspectiva de Género

Las palabras son su contenido. Lo que no se nombra no existe. El lenguaje es la génesis. Si el lenguaje no te nombra, te aniquila.  La inexistencia es una forma de discriminar. 

Como refiere Orwell, “la gran enemiga del lenguaje claro es la insinceridad”, y su perversión desactiva  el pensamiento crítico y el raciocinio. Hemos experimentado una invasión de eufemismos azucarados.  Utilizan el término de “flexibilidad en el empleo”  cuando quieren decir expulsión sin indemnización;  alegan “regulación”  cuando se refieren a  despidos, “reforma laboral” para nombrar recortes en los beneficios laborales. 

La palabra “gastar”, del latín vastare, que significa devastar, deteriorar o destruir, es el término elegido para referirse a la inversión en salud y educación.  A la inversión en la gente le llaman “gasto social”. La intención es que nos lastime: ¡qué despilfarro, estamos tirando el dinero en las personas!, mientras al “gasto” en cosas inanimadas y en operaciones especulativas le llaman “inversiones”.

No es  casualidad que en la economía se escamotee  la verdad, mediante rodeos lingüísticos que pone todo al revés.  El más fragante es el de “mercado”, un demiurgo que bendice a los especuladores mientras condena a los países y a sus poblaciones a caer en la ruindad.

Esa es también la historia del lenguaje sexista y discriminatorio.  Los detractores del lenguaje no sexista, llamados defensores del lenguaje neutral, alegan que la Real Academia califica como neutral lo masculino. 

Nada más alejado a la realidad.  Un ejemplo contundente es el Museo del Hombre Dominicano. Si fuese neutral, las mujeres que a través de la historia son la mitad de la población estuviesen representadas. El Museo del Hombre Dominicano no cuenta con mujeres, al igual que los historiadores del hombre dominicano han borrado de la Historia a las mujeres.

En una medio prensa cuyo lema parece ser la farandulera expresión de “entretener para vender”,  en el relato noticioso empieza con “el Señor Miguel Maríñez” si la fuente es un hombre. Y, ¡ay! si es mujer: la nombran una vez y luego se refieren a ella como “la Rodriguez”.

La lengua evidencia las diferentes caras de la opresión. Se observa, según el territorio donde se  viva. Si es en Arroyo Hondo, son “residentes”; si viven en sectores de clase media, “habitantes”;  si viven en suburbios, “moradores”;  y a los de las zonas rurales: “lugareños”.

Otra evidencia del sesgo en nuestro lenguaje se ensaña en la expresión “nacional haitiano”, pero si es de otro país, se le denomina “extranjero”.La vida empieza con la palabra, el nombre propio es música, la dignidad humana empieza con ser nombrado. Todo lo otro es una forma lenta y sistemática de aniquilar.

OTRO TEMA DE MIRADAS

Otro mundo es posible con otra mirada

Por Isaura Cotes

Los alarmantes feminicidios o asesinatos de mujeres por el solo hecho de ser mujeres no son un asunto privado ni de algunas mujeres.  Como muchas otras formas de violencia ejercidas fundamentalmente por hombres, constituyen un problema de la sociedad que requiere cambiar las ideas y los comportamientos violentos aprendidos.

En este aprendizaje, es indiscutible el rol que juegan los medios de comunicación en la formación de opinión y modelación de comportamientos.  Partiendo de esta premisa, el Centro de Estudios de Género del INTEC, la Asociación Dominicana de Periodistas con Perspectiva de Género y Philip Morris Dominicana lanzaron por segundo año consecutivo el concurso periodístico “Igualdad de Género para una Vida sin Violencia”. 

Las entidades convocantes buscan con este concurso incentivar a los comunicadores y comunicadoras que laboran en prensa escrita, digital y televisiva a realizar trabajos que enfoquen la violencia contra las mujeres e intrafamiliar como un problema público, de violación de derechos humanos, que tiene sus causas profundas en patrones culturales y que afecta la salud, el desarrollo y el ejercicio ciudadano de sus víctimas con repercusiones negativas en todo su entorno.

Los trabajos ganadores de la primera convocatoria del concurso son una muestra fehaciente de que se puede asumir, desde los medios, una mirada comprometida con la erradicación de la violencia y dejar atrás el manejo sensacionalista que suele despertar el morbo en la población y ocultar la responsabilidad criminal de los agresores, vistos como simples “hombres celosos”, “cegados por la pasión”.

Deyanira Polanco, de Listín Diario,  obtuvo el primer lugar con el reportaje “Miles de casos y sólo tres condenas”, donde evidenció las debilidades del sistema de atención para dar respuesta a esa forma de violencia que no deja “marcas visibles”, pero sí imborrables: la violencia psicológica, justo la más frecuente. Riamny Méndez mereció el segundo lugar con “Las armas en casa elevan el riesgo de que la mujer sea agredida”, publicado en el desaparecido semanario Clave. En este trabajo, la periodista muestra el terror psicológico a que se ven sometidas muchas mujeres por sus parejas o ex parejas y el riesgo que corren de que sus agresores concreticen sus amenazas de muerte. Y Bethania Apolinar, también de Listín Diario, ocupó el tercer lugar con el reportaje “El abuso sexual limita el desarrollo de los niños”, parte de la serie “La violencia infantil”. La autora describe formas de abuso sexual en la niñez y la adolescencia, abunda en sus consecuencias y muestra indicadores que permiten identificarlo.

Las bases del concurso “Igualdad de Género para una Vida sin Violencia” pueden encontrarse en www.aprimeraplana.org.Es de esperar se que los comunicadores y  comunicadoras del país asumamos el reto ético y profesional que nos plantea esta iniciativa, porque sin dudas que “otro mundo es posible con otra mirada”.

El Nacional

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