Opinión

Mitómano político

Mitómano político

En el año 2004, cuando Leonel Fernández asumió la presidencia de la República por segunda ocasión, dijo estar alarmado por  el nivel del endeudamiento externo. Incluso llegó a decir que el país había agotado su capacidad de endeudamiento.

¿Quién, en su sano juicio, habría pensado que en el período constitucional que en estos momentos llega a su fin, esa deuda sería llevada a 7 mil 200 millones de dólares, esto es, casi al doble de la que había cuatro años antes? ¿Qué grandes razones hubo  para que, en tan breve lapso, esa deuda fuese incrementada de manera tan impresionante?

Algunos de los ideólogos y voceros  de esa política de endeudamiento externo solían repetir, en sus momentos de gloria, que visto que esa deuda representaba un bajo porcentaje de la producción nacional, la República Dominicana tenía una capacidad ilimitada para endeudarse.

Frente a argumentos tan sofisticados, el pueblo llano solía responder con la sabiduría del sentido común. Es posible que la capacidad para endeudarse no tenga límites. Lo que sí tiene un límite es la capacidad para pagar. Y lo que ocurre ahora, es que debemos pagar; y lo malo es que no nos han dejado con qué.

Era de suponer que el país aplicaría una política de ahorro reduciendo el gasto público mientras aumentaba la producción para  obtener más divisas. Pero ha sido lo contraro. La deuda externa para el año próximo será de alrededor de 23 mil millones de dólares.

 Es decir, Leonel hizo lo contrario a lo que prometió con relación a la deuda.

Igual hizo con las medidas que anunció para solucionar la crisis

“En el gobierno que hoy se inicia, ninguna institución gubernamental u organismo independiente está autorizado a realizar compras o transacciones que vayan más allá de lo estrictamente indispensable. Nadie, absolutamente nadie, podrá utilizar los fondos públicos para la adquisición de nuevas jeepetas, o para efectuar llamadas telefónicas, nacionales o internacionales, sin límites de tiempo. Los viáticos y las dietas tienen que ser disminuidos. Los gastos superfluos, eliminados. Hay que suprimir aquellos cargos de subsecretarios de Estado no contemplados en la ley orgánica de la Secretaría de Estado correspondiente”.

El Nacional

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