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Mitos de la  miel

Mitos de la  miel

La variedad de mieles es tan amplia como todas las propiedades que se le atribuyen. Ya desde su origen, con independencia de que sean más o menos «industriales» o «naturales» se pueden constatar importantes diferencias en su composición.

Muchas de sus aplicaciones terapéuticas, tan asentadas entre la población general, no tienen un soporte científico que avale dicha efectividad según la opinión de las autoridades sanitarias en materia de alimentación, nutrición y salud.

La miel es un alimento rico en azúcares sencillos que aportan energía «rápida» a través de su consumo.

Con independencia de este hecho, el resto de su valor nutricional es bastante limitado ya que el aporte de otros nutrientes  aunque presentes, es escaso.

Conseguir cifras significativas de estos nutrientes a partir del consumo de miel implica realizar ingestas alejadas de las recomendaciones, sobre todo cuando se tiene en cuenta su posible efecto sobre el aumento de peso.

Las cualidades nutricionales de las  mieles pueden ser muy diferentes al ser varios los factores que influyen en el resultado final, como son las condiciones meteorológicas,  las distintas especies vegetales en las que las abejas recolectan el néctar, las enzimas que aportan las propias abejas al néctar durante su transporte, el tiempo de maduración.

Esta variabilidad se pone de manifiesto cuando se consultan las propiedades de la miel en las tablas de composición de alimentos en las que se observa una variación  en los datos, no tanto en el aporte calórico, pero sí en la concentración de los diversos nutrientes, vitaminas, minerales, etc. La miel es un alimento energético, rico en hidratos de carbono, en especial glucosa (31%) y fructosa (39%) y con un aporte escaso de minerales y vitaminas.

El Nacional

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